jueves 7 de enero de 2010

Torero



El último torero británico

El regreso del matador Francis Evans Kelly



Crónica publicada en el número 103 de la revista El Malpensante

Leer completa:
http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1476

domingo 27 de diciembre de 2009

Colombia

No tuve necesidad de llegar a Colombia para sentirme en casa: bastó montarme al avión en el aeropuerto de Barajas para darme cuenta de que ya estaba entre los míos. Y lo digo porque las dos horas de retraso que sufrimos dentro del aparato se debieron a que, según dijo el capitán, hubo varios compatriotas que se negaron a apagar los celulares a pesar de las múltiples advertencias de interferencia que causaban los teléfonos en el sistema. Así que, acomodados en las sillas mientras los minutos pasaban y afuera caían unas goticas mínimas –casi imperceptibles–, mis compatriotas comenzaron a hacer lo que mejor saben: socializar. Colombiano que se respete no puede quedarse callado o quieto en una silla leyéndose un libro; hay que hacer amigos.

Desesperado por la demora, un caleño que estaba adelante mío dijo, medio en serio medio en broma, que iba a sacar una botellita de whisky para la espera; de inmediato dos paisas que estaban a su lado abrieron los ojos como platos, y entre chistes y burlas por la “interferencia”, una señora sacó vasos y una botella de agua. Se sirvieron, riéndose, y luego se empujaron el primer trago animados por las palabras de uno de los paisas: “brindo por conocerlos y por vivir en el país más chimba del mundo”. La alegría no les duró demasiado porque uno de los azafatos, visiblemente molesto, tuvo que decomisarles el trago. Ellos continuaron riéndose.

Y así fue la cosa: diez horas y mucha turbulencia después aterricé en el aeropuerto El Dorado. Ahora han pasado cuatro días y, luego de varias botellas de Antioqueño, muchas risas y varios abrazos, puedo decir que me siento contento. Es como si el tiempo no hubiera pasado: vuelvo a recorrer los lugares que dejé y compruebo que siguen siendo los mismos. Aún es temprano pero por ahora me gusta estar de vuelta; me agrada, sobre todo, encontrarme otra vez con cosas y personas que necesitaba. Ya tendré tiempo de volver a organizar la rutina; por ahora, feliz fin de año a los que todavía se pasen por acá. Volveremos a leernos.

domingo 13 de diciembre de 2009

Regreso

“Qué importa, qué más da: recuerdos son recuerdos, llamitas moribundas que ya apagará el olvido. En la mísera trama de la vida tejida de deleznables instantes, ¿qué es un instante entre millones, además?
Fernando Vallejo


Decir adiós siempre duele. Algo se queda en el lugar que dejamos; algo que esperamos volver a encontrar un día aunque sepamos que en el futuro todo será diferente. Hay una parte nuestra que no se va: un recuerdo, una imagen, un momento.

Un año, un mes y casi veintidós días después llega el adiós; volver, como dice el tango, bajo el burlón mirar de las estrellas. Decir adiós a lugares, a personas, a una tierra que me deja tantas cosas. No soy –no puedo ser– la misma persona que llegó hace tiempo. Es difícil mirar atrás y pensar que todo ha pasado tan rápido; al otro lado me espera, de nuevo, la vieja realidad.

¿Qué me queda?

Momentos inolvidables, amigos entrañables.

Y quedan, sobre todo, recuerdos.

Recuerdos. Frágiles instantes de la memoria que alguna vez nos hicieron felices. O algo parecido. A todos los que quedan y los que ya no están, los que quizás me demore en volver a ver, a los que han hecho parte de este capítulo que ahora se cierra, les deseo que soplen buenos vientos. Hasta que el destino nos vuelva a poner en el camino.

A España, esta tierra árida y cálida, a sus cañas y sus jamones, a sus trenes, a sus gritos, sus copas y sus olivos, sin duda echaré de menos.

Adiós Madrid. Adiós España.

Adiós.

Matamoscas  © Blogger template por Emporium Digital 2008

Voltar para o TOPO