Los ojos del Giro de Italia

Fausto Coppi, la leyenda, cinco veces ganador del Giro.

En 1949 el Corrierre Della Sera le encargó a Dino Buzzati cubrir para sus páginas el Giro de Italia. Para entonces, Buzzati ya había escrito El Desierto de los Tártaros –su obra maestra, vaya si no–, y el Corriere le apostaba a recuperar el prestigio contratando a grandes plumas. Una jugada arriesgada sobre todo porque, como el propio Buzzati lo confiesa en una de sus crónicas, poco o nada sabía sobre el popular deporte:

“(…) quien les habla es, en materia de ciclismo, un bruto total y absoluto; no sabe nada de cambios ni de platos, no tiene ninguna idea clara sobre las estrategias de competición y durante estos días ha hecho preguntas tan ingenuas que, entre tanto entendido, resultan casi escandalosas”. (p. 67).

Así las cosas, queda claro que al acercarnos a estas páginas vamos a estar ante algo muy distinto al típico y soso recuento deportivo: quién ganó esta etapa, en qué posición está tal o cuál, a qué tiempo vienen los favoritos. No. Las crónicas de Buzzati son otra cosa.

Dino Buzzati

No puedo evitar preguntarme qué dirían las grandes plumas de la crónica hoy al ver los 24 relatos que componen este libro, una travesía de casi un mes que arranca en el sur, en Palermo, recorre la península por Salerno, Napolés y Roma, y sube hasta Torino para acabar en Milán. Y lo digo porque en cada uno de ellos hay decenas de elementos que contradicen lo que se entiende por el género: una voz que entra sin permiso en la cabeza de los personajes; una cantidad de elementos fantásticos en los que la literatura mete mano (Buzzati ni se inmuta cuando pone a hablar entre sí a dos cabras que pastan mientras pasa el pelotón, o cuando les hace aparecer una sirena, seductora y con cola, a los competidores que se desplazan un tramo en barco), y un estilo que deja de lado lo importante para centrarse en un viejo que recorre el mismo trayecto del Giro porque sí o en los gregarios que llegan de últimos a la meta, cuando ya el público ha abandonado el lugar.

Gino Bartali y Fausto Coppi, los dos grandes del Giro en 1949.
Foto: Agencia EFE ©

El encanto, pues, no está en la carrera como tal, ni mucho menos en el enfrentamiento entre los dos grandes, Fabio Coppi y Gino Bartali, que Buzzati tiene todo el tiempo presentes. La gran apuesta del Corriere, tan acertada, es la forma cómo Buzzati nos cuenta el Giro. Porque al final resulta que no saber de ciclismo le da una ventaja: los que recorremos junto a él esa Italia de la posguerra ­–y que tampoco sabemos mucho sobre los valientes que andan en bicicleta–, nos despojamos de los prejuicios, de los términos técnicos, del resultado inmediato o final, qué más da, y vemos más allá: el paisaje, la gente, el país y todo lo que en últimas significa una de las carreras más importantes del mundo:

“El Giro es una condena a galeras, pero también es una gran aventura, un juego de reyes, una guerra, una excursión, un examen, una locura, cosas todas ellas muy similares a la juventud.  (p. 157).


El Giro de Italia
Dino Buzzati
Gallo Nero Ediciones

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