Volver al anonimato


Regresaba a mi casa por la carrera treinta cuando la vi. Era una valla grande, de letras enormes, que decía más o menos así: “El canto del cuco, la aclamada primera novela de Robert Galbraith, seudónimo de J.K. Rowling”. Hasta ahí todo bien: un simple anuncio publicitario de un libro. Pero lo que me llamó la atención fue la última frase, el énfasis especial con que los vendedores –en este caso Planeta, si no estoy mal– nos quieren hacer saber que Galbraith no existe; que es, en realidad, el nombre escogido por la autora de Harry Potter para… ¿para qué?

La historia es graciosa: Rowling –quizá agobiada con su fama, tal vez harta de cargar con el estereotipo Potter– escoge un seudónimo para publicar una novela policíaca que, como era de esperarse, no crea mucho revuelo. Y habría seguido así si el abogado Chris Gossage no entra en escena y lo estropea todo. Imaginemos el momento: Gossage, miembro del bufete de abogados que representa a la señora Rowling, está en una fiesta con su esposa y varios amigos; de repente, alguien habla de Rowling y sus libros del famoso mago, y él, que está ahí con su whisky en la mano, que conoce el secreto, reclama sus quince minutos de fama y le cuenta a una amiga de su esposa la verdad: J.K. ha vuelto, sí, esta vez bajo el seudónimo de un supuesto militar retirado. La noticia corre como bola de nieve –la amiga de Gossage la publica en Twitter– y pocas horas después el libro pasa de 1.000 copias a más de 5.000 vendidas.

Tal vez no ocurrió así, por supuesto; quizás todo fue una estrategia muy bien planeada para vender más libros, vaya uno a saber, pero lo que me gusta del cuento es el afán de la señora Rowling por recuperar ese anonimato que perdió hace rato. Ser nadie otra vez, caminar tranquila por la calle, dejar de responder una y otra vez las mismas preguntas de los periodistas. Hacer el proceso inverso al que aspiran muchos: anhelar que su nombre deje de ser mencionado en todas partes, sentir que se olvidan de ella por cinco minutos.

Quizás ese es el sueño recurrente de todo escritor famoso: que la gente vaya a sus libros, a lo que dice en ellos, y no ande agobiándolo con las mismas preguntas una y otra vez, las mismas charlas de siempre, las firmas a libros que quizás nunca acabarán leyendo. Al final puede que la señora Rowling solo quisiera, como dijo García Márquez hace tiempo, volver a ser por un minuto “indocumentada y feliz”. Pero eso, para ella, ya es mucho pedir.

5 comentarios:

Mónica Palacios dijo...
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Mónica Palacios dijo...

No sé, a mí en esa historia siempre me quedó la sospecha de que había sido la misma autora quien había "filtrado" o mandado filtrar su verdadera identidad. Es que aunque creo que le pegó al perro con Harry Potter, su estilo no se defiende solo, y probablemente ella se dio cuenta también de lo mismo con este libro.

Martín Franco Vélez dijo...

Claro, Mónica, también puede ser al contrario. Quizás, aburrida de que sus otros libros no tuvieran la misma difusión, se inventó toda esa historia para poner de nuevo en ella los focos de atención. Valga el cliché: la fama debe ser una droga dura. En cualquier caso yo prefiero seguir pensándolo del otro modo. Gracias por pasar de nuevo, leer y comentar.

lanochera dijo...

Como prueba, como juego, para saber cómo hubiese sido de no haber escrito Harry Potter sino otra cosa, para saber si es ella en sí misma o su nombre etiquetado lo que vende, para evitar que se acerquen a sus historias esculcando rastros harrypotterianos o por plata, igual siempre será un ensayo interesante. Nota: Yo fui lectora gustosa de Harry Potter como hasta el 4to libro pero no leería este... Saludos Martín

Martín Franco Vélez dijo...

Sí, Cathy, pueden haber muchas razones. Yo no he leído Harry Potter, y los otros también me dan como pereza, pero lo de la fama por un libro es un tema común. Por ahí hay un video de Héctor Abad en el que le preguntan por uno de sus libros que no es El olvido que seremos, y él lo agradece. Antes del Hay Festival, para no ir más lejos, entrevisté a Juan Gabriel Vásquez y me decía que estaba agotado de que sólo le hablaran de El ruido de las cosas al caer. Es chistoso: yo creo que en el fondo todo escritor quiere eso con su libro, pero cuando pasa ya no le parece tan agradable...