Gente como nosotros

Hace una semana se metieron a robar en la finca. Esperaron a que la casa estuviera sola y entraron en la noche, cuando los mayordomos estaban dormidos. Regaron pedazos de carne envenenada para callar a los perros y, cuando todo quedó en silencio, comenzaron a abrir un hueco por la parte de atrás de la casa. Entraron por el cuarto donde dormimos nosotros, y tuvieron todo el tiempo del mundo para robarse lo que quisieron: equipo, televisor, adornos, electrodomésticos. Los mayordomos, confiados, no se dieron cuenta de nada; escucharon al principio los ladridos de los perros, pero cuando estos se quedaron callados (intoxicados ya por cuenta de la carne), volvieron a conciliar el sueño.

Sólo a la mañana siguiente lo notaron, cuando vieron el hueco en la casa y las manchas de vómito regadas por todo el jardín. Tuvieron que hacerles tomar aceite a los perros para que vaciaran el estómago, y luego correr con ellos a la veterinaria. No murieron.

Días más tarde me llamó a la casa una tía que vive en Bogotá. Estaba preocupada por lo que había pasado y se le notaba en el tono de la voz. Me insinuó que convenciera a mis padres de que abandonaran la finca; que allá, en medio de la nada y la grandeza de las montañas, estaban expuestos a cualquier daño. Coincido con ella en que hay peligro, pero instarlos a que abandonen sería quitarles un pedazo de felicidad que ellos no están dispuestos a dejar. Sé que es una batalla perdida, y estoy de acuerdo con ellos cuando dicen que uno no debe dejarse amedrentar.

Entonces, en algún momento de la conversación, mi tía dijo con tono compungido: "además tus papás le dan mucha confianza a los mayordomos, y yo creo que ellos deben juntarse más con gente como nosotros".

¿Gente como nosotros?

Hace mucho rato no me hervía tanto la sangre. Gente como nosotros es la que se roba los dineros públicos y deja una ciudad como esta vuelta mierda; gente como nosotros, de la mejor universidad del país, es la que asesina a sus propios compañeros por líos de faldas; gente como nosotros es la que no tiene escrúpulos para joder a los más necesitados desde arriba, en los bancos, y volverse rica mientras el resto se revuelca en el fango. Ésa es la gente como nosotros; la gente de la que ella hace parte y que a mí me repugna.

Debí haberle colgado el teléfono en ese instante, pero no lo hice.

Aún me queda un montón de decencia.

6 comentarios:

Tatiana Luján dijo...

¿Los mayordomos son de la misma edad de tus papás?

De esas tías padecemos varios. Ojalá no nos convirtamos en gente como ellas nunca.

Adriana Villegas Botero dijo...

Muy bonita la descripción de la finca y muy de acuerdo con la reflexión. Dónde queda la finca?

Martín Franco dijo...

Lalu: sí, más o menos la misma edad, o un poco menores. El punto es que nadie es menos que otro, ¿no? Por eso también me parece inútil el día este de la mujer. Adriana: por la antigua carretera a Chinchiná.

Tatiana Luján dijo...

No decía lo de la edad porque alguien fuera más que otro, sino porque da cierta tranquilidad saber que hay alguien "joven" cerquita pa cuidarlos si pasa algo. Pero me quedé pensando y eso de que los jóvenes sean tan necesarios me pareció bobo.

Martín Franco dijo...

Sí, claro, Lalu: al final la edad no tiene nada qué ver. El punto es el comentario despectivo, clasista, por desgracia tan común en Colombia. Una lástima.

Tatiana Luján dijo...

Jajja, no me estoy haciendo entender. Te pregunté lo de la edad de puro metida que soy, me imaginé a tus papás o a los mayordomos embalados si uno se caía en la ducha o algo así.

El comentario de "gente como nosotros" es una porquería, sin discusión.