Mi oído en su corazón



Nada más difícil que escribir una historia para tratar de descifrar los misterios que se esconden tras la relación de un padre y un hijo. Hay unas, como El olvido que seremos, de Abad, en las que prima un sentimiento de admiración profundo y un terrible dolor por la pérdida, injusta, del ser más amado; pero hay otras, como Mi oído en su corazón, de Hanif Kureishi, en las que existe una relación un poco más traumática, dolorosa y compleja que resulta mucho más difícil de desentrañar.

Las relaciones entre padres e hijos siempre serán un misterio, pero es inevitable que con el tiempo terminemos replicando aquellos aspectos del viejo que alguna vez dijimos que no haríamos. Hay ciertas cosas que parecen estar destinadas a hacerse de nuevo, así en el fondo nosotros mismos las detestemos: la manera de reaccionar ante las circunstancias, el carácter irascible, ciertos gestos y formas de comportarse. Uno es su padre, sí, y en ocasiones eso no es fácil porque no todos los viejos son como el buen señor Abad, asesinado por los paramilitares hace ya un par de décadas. Ahí está, por ejemplo, el caso de Kureishi: presionado por su papá, un pakistaní que emigró a Inglaterra soñando con convertirse en un escritor de éxito, crece mortificado porque él sí logra lo que el señor Kureishi no pudo: vivir de las letras. Una relación difícil (pero no por eso menos entrañable) que intenta explicar, varios años después de su muerte, sumergiéndose en las novelas sin publicar que su padre dejó escritas.

No hay que ser muy listo para descubrir que en la escritura se encuentran muchas pistas sobre un personaje. Los últimos días me los he pasado leyendo una serie de novelas inéditas de alguien que, hasta ahora, había sido desconocido para mí, y he logrado descubrir varios rasgos que de alguna manera explican por qué era como era. O eso creo. Entrar en unos escritos que, bajo el rótulo de ficción, esconden una realidad soterrada, puede llegar a ser muy útil para averiguar quién era la persona que se sentaba frente a la máquina. O al menos una parte suya. Y ahí, en esas novelas, hay también una relación tortuosa con padre y madre. ¿Tiene eso algo que ver? Supongo que sí, pero hay que seguir leyendo para averiguarlo.

No hay comentarios: