Vladdo, el intocable

Poco después de que anunciara su decisión de abandonar Twitter porque, según dijo, “estaba cansado de recibir insultos”, Vladdo se enfrascó en una nueva pelea –esta vez en su blog– con un antiguo colega suyo, Ricardo Galán, quien tuvo el atrevimiento de criticar su postura. Todo empezó con esta entrada de Galán en su libreta de apuntes, en la que criticaba la forma cómo el caricaturista se había ido de la red social y decía (lo cual, creo yo, no es ninguna mentira) que “terminó siendo el más radical de los radicales”. Hasta ahí todo bien. La cosa empezó a ponerse peor cuando Vladdo decidió publicar un cruce de correos entre ambos que, quizás sin quererlo, no hacen más que reafirmar lo que en principio le escribió Galán: que desde hace rato el papá de Aleida se volvió intocable.

En una entrada posterior, defendiéndose a capa y espada, Vladdo argumenta que está cansado de que confundan “insultos con críticas”. Dice él: “Una cosa era recibir críticas y otra muy distinta leer madrazos e insultos de todos los calibres”. Y un poco más arriba: “Es verdad que critico mucho, pero no me pueden mostrar una sola grosería o vulgaridad que yo le haya dicho a alguien”. Es raro que con tantos años en el oficio y decenas de premios encima (que quizás, y con razón, hayan contribuido a formar el inmenso ego que hoy tiene), Vladdo no se dé cuenta de que para insultar a otro no hace falta decir malas palabras; de hecho, los insultos más hirientes suelen venir camuflados en frases inteligentes llenas de ironía y sarcasmo. O, por qué no, vestidos bajo el traje de la caricatura.

Uno entiende, sí, y hasta comparte que los foros de los periódicos y las redes sociales se han convertido en un inmenso muladar donde no hay control ni respeto. En eso hay que concederle un punto a Vladdo. Es terrible que estos espacios virtuales se presten para exacerbar el odio que tienen algunos foristas, a quienes jamás se les pasa por la cabeza intentar rebatir con argumentos. Pero, aunque triste, eso se comprende en un país tan polarizado como Colombia, donde los términos medios nunca han sido bien vistos. Lo que sí es complicado es que el crítico caiga en su propia trampa; o, mejor dicho, que acabe haciendo (¿sin darse cuenta?), lo mismo que tanto critica. Es curioso, pero por más que intente rebatirlo, los hechos demuestran que Vladdo se ha rebajado hasta el mismo nivel de su odiado Uribe: basta ver sus peleas por Twitter con Tomás Uribe, la pasión con que difundió su logo en el que aparecía Uribe junto a la palabra “¡Fuera!”, o, más recientemente, la respuesta en su blog a Galán, para darse cuenta de que al hombre le da piquiña que lo contradigan.

Porque, volviendo al cruce de correos, uno se sorprende con la reacción del caricaturista, más propia de un Uribe camorrero (de esos de le-voy-a-dar-en-lacara-marica) que de un tipo que uno quisiera tomar por sensato. Para la muestra, estos botones: “Es una lástima que esa relación que usted y yo tuvimos termine de este modo” (a Galán, sólo por lo que escribió); “Lo reto a que me muestre el trino mío donde les dije “estúpidos” a quienes me contradecían” (al mejor estilo del expresidente); “Ese estilo joseobduliesco suyo de presentar las cosas da grima” (al ataque, otra vez); y, finalmente, “No me mande abrazos de Judas tampoco” (para cerrar con broche de oro).

Hombre, yo no sé, pero ese tipo de reacciones –con pataleta incluida– me parece que no contribuyen demasiado a la tolerancia. Es normal que a uno le dé rabiecita cuando lo insultan (ya sea con vulgaridades y sin argumentos o con ironía y veneno), y que a veces, muchas veces, uno se salga de la ropa y responda, pero llegar al extremo de ponerse al mismo nivel de lo que tanto odia, ya no es tan sano. A todos nos duele cuando nos tocan el ego, no se puede negar, pero tampoco es para creernos intocables, como le pasa ahora mismo a Vladdo. Mal por él.

1 comentario:

El comunicador que mira dijo...

Muchos equivocados, empezando por Ud. Califica de muladar y demás porque hay insultos y groserías. Lo único que limita al ciudadano es la ley; la cultura no, por eso en este país estamos llenos de moralistas, defensores de las 'buenas costumbres' y mas tonterías. Que se jodan los que quieren una sociedad (un internet) a su puto gusto.