Mendigo

Todos los días me fijaba en su mirada de lástima. En su mano andrajosa y levantada. En sus uñas con los bordes negros de tierra. En sus ropas harapientas. Percibía, al pasar, su olor rancio. Escuchaba su voz débil. Suplicante. Una monedita, por el amor de Dios. Seguía de largo, a veces avergonzado, a veces con lástima, a veces con rabia, y luego lo olvidaba. En la noche, cuando hacía el camino de vuelta, seguía ahí: su mano andrajosa levantada, sus uñas con los bordes negros de tierra, sus ropas harapientas. Su voz débil. Suplicante. Una monedita, por el amor de Dios.

Ayer me bajé del bus y compré una hamburguesa. Doble carne, queso, tocineta, papas y gaseosa. Para llevar. La dependiente empacó las cosas en una bolsa, me dio dos frascos de mayonesa, un fajo de servilletas y me despachó con una sonrisa falsa. Tomé el camino de siempre. Oscurecía, había poca gente en la calle. El olor de la carne traspasaba la bolsa. Apuré el paso cuando lo vi, recostado en la pared. Su mano levantada. Una monedita, por el amor de Dios. Lo miré. Fue como si nos conociéramos. Le extendí mi mano con el paquete y lo vi sonreír, agradecido.

Agarró la bolsa y comenzó a abrirla. Parecía feliz. Parecía radiante. Desdobló el plástico con ansiedad. Yo estaba al frente, parado. Iba a morderla cuando le di la primera patada. En medio del pecho. Su cuerpo se arqueó hacia adelante y la hamburguesa cayó al suelo, abriéndose. El piso era un reguero de lechugas y salsas. Murmuró algo, un quejido. Se apoyó el andén con las manos. Tomé impulso y le di otra más. Cayó al suelo. Le di otra. Y otra. Y otra más. Por favor, por favor.

Estaba más oscuro. Miré hacia adelante, no venía nadie. Me organicé la camisa. Limpié mis zapatos.

Caminé.

3 comentarios:

Lalu dijo...

Quedé vuelta mierda después de leer esto. Vos vas ahí sensibilizándolo a uno y, de pronto, parece que le pegaras una patada en las costillas, con todas las ganas.

Te quedó muy bien escrito, es revolcador y deja pensando, pero lo odié.

Martín Franco dijo...

Qué bueno. Qué bueno que lo odiaste. Gracias, Lalu.

Jose F dijo...

Pensaba, admirado Franco, preguntarte sotto voce —pero luego lo divulgas— ¿cómo es una mano andrajosa?