el mal poeta

En la charla de presentación de un libro, el otro día, se hablaba sobre el oficio de escribir. Decía uno de los ponentes, citando a Héctor Abad, que a la hora de poner las palabras en papel había que ser conscientes de que todos llevamos un mal poeta adentro luchando por salir; un poeta que sólo los buenos escritores saben controlar. En otras palabras: que siempre nos da por escribir lo primero que se nos viene a la cabeza —y mucho más ahora, con el cuento de los blogs— pero que a veces es mejor morderse la lengua (o reprimir el impulso del dedo, en este caso), antes de oprimir "publicar".

Una de las cosas que trae la tecnología es que permite a la gente poner sus escritos personales a la vista de todo el mundo; experimentos que a veces funcionan porque, no nos digamos mentiras, a los lectores parece que les gusta mucho más lo visceral que lo complejo. La figura del intermediario (en este caso el editor, que siempre es tan justo y necesario para controlar ese mal poeta), queda a veces relegada para dar paso a un contacto directo entre escritor y lector. Eso son los blogs: intentos, muchas veces fallidos, de malos poetas que no tienen a nadie que los controle. Y malos poetas que a veces gustan, aunque la mayoría de veces lo que se escriba no interese a más que dos o tres perdidos lectores.

En fin, todo esto para decir que, aunque concuerdo con Abad, a veces creo que si todo el tiempo nos pusiéramos a reprimir ese mal poeta, jamás terminaríamos escribiendo nada. Esta semana, en El Tiempo, publicaron un artículo sobre Germán Vargas, uno de los fundadores del mítico grupo de La Cueva, quien quemó todos sus cuentos sin publicar porque no los consideraba dignos. Supongo que es difícil quedar satisfecho con algo que uno escribe (en el fondo, siempre, somos conscientes de que nos falta mucho), pero quizás la única manera de saber si es digno o no, consiste en dejar que sean los otros quienes juzguen. A veces uno termina llevándose sorpresas cuando deja salir el mal poeta; en ocasiones, aunque no lo creamos, lo que nos parece más malo es lo que a la gente le gusta.

2 comentarios:

Martín Franco dijo...

José Fernando Calle, de Libélula Libros, me escribe por el correo interno para hacerme una precisión: Germán Vargas no es "el sabio Catalán", como de manera errónea escribí en esta entrada. Ya está corregido. Ofrezco mil disculpas y aprovecho para demostrar, precisamente, la importancia de controlar ese mal poeta y reivindicar la labor del editor. ¡Qué mejor ejemplo!

Linorn dijo...

Hay un "poeta"de mis pagos, un señor que apellidaba FOGWILL; que escribió un día un hermoso texto: "Llamado por los malos poetas" (http://www.fogwill.com.ar/llamado.html).
Creo que si, los visceral, lo inmediato es lo que mas florece en esta cultura.
Pero también con eso llamamos a TODOS a la lectura, al panadero y a la señora con ruleros en la calle que recita solamente los versitos de un cuento de corin tellado.
Si esta bueno, que mejore el nivel, si esta bueno que siga bajo (dicótoma miá).