adentro

Hoy es uno de esos días en que me gustaría sentarme frente a la pantalla y empezar a escribir lo primero que se me venga a la mente; escribir sin preparar nada, sin fijarme en la concordancia de los párrafos ni volver cada segundo sobre lo dicho, sino seguir de largo, sin detenerme, y dejar que quede en el papel todo lo que he venido pensando desde hace varios días y que no sé por qué razón no he logrado escribir. No he vuelto sobre el blog, ni a intentar un cuento, ni menos un esbozo de otra novela, o un intento de ella, sin saber muy bien la razón; es como si toda la escritura, mi escritura, se hubiera volcado sobre la revista, sobre los temas que en cada edición hago y que intento no convertir en rutina, sobre los personajes que suelo entrevistar, los temas que busco porque es mi trabajo, pero lo que escribo queda metido en ese molde, como tan políticamente correcto, como con mucha menos libertad de la que puedo encontrar en este espacio, un espacio que está ahí, esperándome; un espacio sobre el que vuelvo una y otra vez, a veces, muchas veces, arrepentido, porque pienso que a quién le pueden interesar las cosas personales, o porque pienso que a veces no vale la pena escribir así, desde tan adentro, sobre todo cuando veo otros tipos de blogs por el estilo y yo mismo, muchas veces, me pregunto qué sentido tiene saber sobre tal o cual, o como se siente con respecto a cosas que solo le pueden interesar a él y a nadie más, pero luego también pienso lo contrario: que en el fondo las vidas de todos se parecen, que lo que me sucede a mí o pienso yo alguien puede sentirlo tan igual en un lugar lejos de aquí y puede que ni siquiera nos conozcamos, que jamás vayamos a hacerlo, que nuestras vidas nunca se vayan a cruzar, pero están unidas por las palabras, las efímeras palabras, las traicioneras palabras, las deleznables palabras. Quisiera escribir también sobre lo difícil que es a veces tener un hermano, sobre por qué somos tan distintos y cuál es la razón por la cual lo siento lejos, cada vez más lejos, y maldigo porque la diferencia entre un hermano y un amigo es que uno no puede escoger a la familia, que hay un vínculo tácito creado ahí, una especie de pacto indisoluble que se da por el hecho de venir de la misma parte, así seamos tan diferentes y pensemos tan distinto, así en ocasiones no soporte verlo ni apruebe la vida que lleva o la poca pasión que le pone a las cosas que hace, algo que me mortifica aunque quisiera dejarlo pasar y lo logro, a veces, pero luego vuelve a mí ese sentimiento y pienso que no puedo ni debo ser egoísta, que no tiene que pensar de la misma forma que yo y que, a fin de cuentas, es una buena persona. Eso es lo que quisiera hacer hoy aunque, como siempre, no sé si tenga mucho sentido.

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