Hogar

He empezado a despedirme, poco a poco, del lugar donde vivo. No sé exactamente cuánto tiempo he pasado allí, pero sí que nunca me he sentido tan cómodo en ningún otro sitio. Es curioso cómo las casas, los lugares, se quedan con pedazos de la gente; los recuerdos son a veces como piedras que pesan, y por eso muchos deben mudarse cuando no pueden soportar más eso que les trae a la mente una sala, un cuarto, una cama. No es mi caso, por fortuna, pues me mudo a comenzar una historia diferente; una que sin lugar a dudas cambiará muchos de los aspectos de la que, para bien o para mal, ha sido mi vida hasta ahora.
Recuerdo cuando llegué a vivir a Bogotá, once años atrás. Por entonces no era más que un joven confundido (aunque quizás no he dejado de serlo del todo en varios aspectos), que se debatía entre el ánimo que le producía llegar a la gran ciudad y la tristeza que le daba dejar Manizales. Llegué a vivir a unas cuadras de la universidad, en la 38 con 8, justo al frente de la que fue durante muchos años la embajada americana. No es que guarde un recuerdo especial de ese apartamento; por el contrario, no veía la hora de salir de aquellas cuatro paredes en las que me sentía encerrado y solo. Muy solo.

Meses después me mudé a otro cerca al parque de la 93. Nunca me gustó el sitio, como tampoco me gustaba decir que vivía por esos lados. El ruido, la gente, los buses de la once, la congestión y, sobre todo, la sensación de estar viviendo lejos de lo que era en realidad Bogotá, me hicieron ir de ahí más pronto que tarde. Ah, claro: y los precios absurdos del estrato seis que ni un estudiante o un periodista podrían sostener durante mucho tiempo.

Al final vino el apartamento donde estoy ahora y que abandonaré en unos meses. No siento que será difícil dejarlo, pero seguro recordaré varios de los momentos allí vividos. Quizás en algunos años no será más que un lugar frío e impersonal que me hará recordar con nostalgia una época de mi vida. Un lugar que ya no tendrá demasiada importancia porque después de todo nos pasamos la vida llegando y yéndonos, aquí y allá.

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