un día más, periodistas

Hoy llegaron a mi bandeja de entrada más de veinte correos felicitándome por el día del periodista. No es que sea muy popular, por supuesto, pues me sobran los dedos de la mano para contar los amigos que tengo; lo que sucede es que las empresas que de alguna forma nos necesitan se toman el trabajo de hacer sus propias tarjetas y enviarlas a sus bases de datos llenas de colegas. Es su trabajo, claro, y se les abona la intención. Lo que no estoy seguro es hasta qué punto uno deba celebrar un día como hoy, cuando la situación de los periodistas en todo el mundo es precaria y los medios se convierten cada vez más en un negocio que sólo busca el lucro.

Decía Germán Castro Caycedo en una entrevista con El Espectador que "la chiva es la prostitución del periodismo colombiano". Estoy de acuerdo. Y además, ¿quién con más autoridad para pronunciar esa frase? De esos periodistas, por desgracia, quedan pocos; el reportero de ahora es un tipo con micrófono y grabadora que vive pendiente de lo que dice y hace una sola fuente a ver si puede obtener la noticia. Lo que vende es lo que perturba, lo que nos crea repulsión, las cifras de muertos y heridos. Ejemplos sobran: hoy, en el noticiero, decían que el concejal Marcos Baquero llevaba quinientos-no-sé-cuántos días secuestrado. ¿No era más fácil decir un año y siete meses? No, hay que hacer ver un número grande, que se sienta la desgracia enorme, el dolor de la familia. Las cámaras y el directo, las declaraciones apresuradas: el dolor ajeno convertido en un burdo espectáculo.

Soy un romántico del viejo periodismo, aquel que contaba las historias de manera diferente, ese en el que los protagonistas tenían un rostro. Soy un estúpido. Ahora, gracias a la entrada de las nuevas tecnologías, nos hemos comido el cuento de que el público es imbécil y no lee más de dos líneas; por eso hay que hacer los artículos cada vez más cortos, bombardear con fotos gigantes y videos, y dejar al lector como al principio: sin saber nada. O díganme, pues, ¿de verdad alguien sabe con pelos y señales lo que sucede en Egipto, a pesar de que sale todos los días y a toda hora en radio, prensa y televisión? Así es la cosa: ver un noticiero es desinformarse.

Yo agradezco, pues, a los que me felicitaron en el Facebook y hasta los que me llamaron. No dudo de sus buenas intenciones, pero para mí es sólo un día más.

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