Aquí, ahora

En el último día del año me gusta pensar qué pasará con mi vida 365 días después. La incertidumbre de no saber en dónde estaré, ni qué sucederá, ni tampoco si seguiré frecuentando la misma gente o pasará algo que me cambie la rutina, es algo que me agrada. Lo más probable es que no sucedan muchas cosas, pero, como todos, me hace bien pensar que quizás un año después la vida será distinta.

Es normal que a veces queramos ser algo diferente a lo que somos; es normal que soñemos con la vida de nuestro vecino, o con la mujer de otro, o con la suerte que tiene gente como nosotros que ha logrado más cosas. Como también es normal que nos hagamos propósitos que no estamos dispuestos a cumplir. Y no lo hacemos porque al fin de cuentas estamos programados para ser como somos, por más que nos empeñemos en cambiarlo.

A mí, por ejemplo, me gustaría ser un poco más constante y menos inseguro. Me encantaría dejar de pensar, a veces, que lo que escribo es una mierda repleta de lugares comunes. Pero no quisiera cambiar el hecho de ver las cosas con cierto pesimismo; creo que lo verdaderamente dañino es ese optimismo desbordado adobado con ideas de superación que la gente asume con la esperanza de cambiar su vida. Tengo una tía pintora que solo lee ese tipo de libros, escucha en el carro conferencias sobre el éxito y su propio léxico está cargado de frases insulsas como “nada es imposible”. Pero a la hora de la verdad sus cuadros no se venden y a mí me da la impresión de que esa actitud es una simple máscara.

No tengo ningún propósito para este nuevo año; dije que abandonaría este espacio para hacer otra cosa, pero después de tres intentos por hacer algo diferente me cansé y aquí estoy de nuevo. No tengo ningún propósito porque sé que al final no voy a cumplirlo. Me gustaría que pasaran algunas cosas, claro, pero si no suceden no va a ser tan terrible. Supongo que ésa es la ventaja de pensar que al final las cosas no van a suceder.

3 comentarios:

CRISTÓBAL GARCÍA dijo...

Desconozco tus posibles pronosticos. Ojalá te pasen buenas cosas. A mi al menos ya me ha ocurrido alguna cosa buena: volver a leerte.
Saludos desde bien lejos

Martín Franco dijo...

Gracias, Cristóbal. Me gusta volver sin tanta alharaca; que los que antes venían por acá, si de repente pasan, vuelvan a encontrar el viejo espacio. Saludos hasta Tenerife, tan lejos. Por cierto, nunca volví a saber nada de Belén.

Lalu dijo...

A mí también me gusta mucho que hayas vuelto a escribir.
Este año no me hice propósitos de esos que suponen un cambio en la personalidad, pero sí me propuse dejar de decir tantas vulgaridades en la oficina, que está llena de viejitos de ochenta años, miembros del partido Conservador.
Voy mal con el propósito, pero no conseguirlo me da mucha risa.