Otro adiós

Ya perdí la cuenta de todo lo que ha sucedido desde la primera vez que abrí el Matamoscas, a finales del 2005: le he cambiado de diseño infinidad de veces; le borré el historial en alguna ocasión para tratar de empezar de cero; lo cerré y cancelé la dirección para abrir otro blog; y, finalmente, he escrito decenas de entradas para justificar por qué es bueno tener un espacio así o por qué a veces no vale la pena.

He hecho amigos que luego conocí; otros que se quedaron de manera virtual y unos más que aún se pasan de manera silenciosa. Me dejé llevar muchas veces por los comentarios; escribí cosas solamente por ver qué decían los foristas habituales y así alimentar el ego. Entendí que el elogio injustificado es casi tan dañino como el insulto anónimo. Agradecí que, con el tiempo, esos mismos foristas optaran por el silencio, bien sea porque dejaron de pasar o porque entendieron que a veces no valía la pena comentar entradas fútiles.

Escribí sobre libros hasta que me cansé y luego volví a hacerlo. Escribí sobre cine hasta que me di cuenta de que estaba yendo a las salas sólo para tener algo que poner aquí. Sentí que no leía por el placer de leer, sino para redactar en este lugar mis conceptos sobre una novela. Como si fuera un crítico. Puse algunas reflexiones que ahora, al leerlas de nuevo, me suenan manidas, obvias, a lugar común. Colgué algunos cuentos que luego removí porque me dio pudor. Traté de hacer cosas diferentes, de mostrar situaciones o personajes que me llamaron la atención y siento que quizás con algunos lo logré mejor que con otros.

Pero si alguna convicción me ha quedado después de estos años es que en esto de escribir no hay certezas absolutas. Que uno nunca está seguro de nada; que lo que hoy me gusta mañana lo miraré con asco; que lo más probable es que en el futuro crea en lo que ahora me parece imposible; que, como le leí alguna vez a Juan Gabriel Vásquez, “equivocarse sigue siendo uno de nuestros derechos inalienables”, y que el blog, un espacio que es de uno y en el que hay libertad, es la mayoría de las veces un arma de doble filo.

No quisiera escribir que todo tiene un ciclo y que el de este blog ha terminado. Y no quisiera, digo, porque más de una vez lo he hecho: empaco mis cosas, me despido y tiempo después estoy de vuelta. Pero siento que desde hace unos meses algo falla; que lo que antes no dudaba en colgar, hoy debo pensarlo dos, tres y cuatro veces. Que ya no me siento cómodo. Que quisiera un receso para pensar en algo diferente, para tratar de quitarle ese tono de columna de opinión a estas entradas o evitar que suenen como si tuviera una verdad revelada y estuviera siempre convenciendo a alguien de alguna cosa.

Así que lo dejo. No borraré esta vez las entradas anteriores, ni cambiaré una coma, ni variaré el diseño que ahora tiene. Quizás más adelante regrese o tal vez, como creo que es mejor, probaré suerte con algo diferente en otro lugar. No lo sé. Creo que al final es mejor no decir con propiedad “haré esto o aquello” porque siempre termino en lo contrario. Ya me conozco. A los que seguían pasándose por aquí , a los que se fueron, a los que aún comentan, a los que les gustaba, a los que nunca estuvieron de acuerdo, a los que leyeron: ya nos veremos por ahí.

O quizás, de nuevo, por aquí.

6 comentarios:

kekel dijo...

hasta pronto, que no se vengan tantos olvidos, desde buenos aires.

Ángela Cuartas dijo...

Desde que te encontré te leía con juicio. Soy de lo peorcito en comentaristas, espero no haberte desesperado mucho. Esta entrada me pareció buenísima: suena real, honesta. Tal vez eso es lo único que importa a la hora de escribir.

Martín Franco dijo...

Gracias, Kekel. Seguro que no. Saludos hasta el sur. Ángela: nunca me desesperaste, ¿qué tal? Y sí: creo que lo único que importa es ser honesto. Y muchas veces es difícil.

JuanDavidVelez dijo...

Soy un lector constante de este blo, y claro que lamento bastante las vacaciones que se va a tomar el autor.

Lalu dijo...

Qué pesar (para mí), me estaba encarretando.

Eso es lo bueno de que estas cosas sean de uno: no hay que rendirle cuentas a nadie. Si esto te está sabiendo raro o no te convence, pues chao y listo.

Terapia de piso dijo...

A veces, simplemente, no sabemos despedirnos para siempre.

José Roberto Coppola