(Re)escribir en los tiempos del cólera


Un adolescente se enamora perdidamente de su vecina, a la que apenas puede ver por cuenta de la estricta vigilancia que ejerce la tía soltera en sus visitas. Cuando al fin la burlan, ambos descubren la pasión del primer amor con una intensidad desbocada. Al poco tiempo la familia se entera y, con el fin de romper una relación que no ven con buenos ojos, se lleva a la muchacha lejos. El tipo la espera durante veinte años en los que se dedica a acostarse con cuánta vieja se le pase por el frente. Tiempo después ella regresa y al fin pueden estar juntos en las puertas de la vejez.

¿Les suena familiar?

Sí, es El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez.

Y aunque parezca increíble es, también, la última novela de Fernando Quiroz, Como un bolero.

Lo confieso: pensé que después de Justos por pecadores –que le quita cualquier despojo de prestigio al Premio Planeta–, Quiroz no podía salir con algo más malo. Pero lo ha hecho. Esta novela es –y perdón por la rabia– una cosa realmente grotesca: no sólo la historia es una vil copia, sino también el estilo, la forma de los diálogos (los hace, sí, como sentencias inapelables), y hasta los personajes. Un desfile de lugares comunes que el autor va dejando así, tan tranquilo, con una cantidad de eufemismos pendejos para tratar de adornarse:

Fue el día más triste porque ni siquiera pudo darle las gracias a su tía. Lanzar sobre el cajón en el que viajaba al más allá una rosa amarilla como aquellas que solían perfumar el pasillo que llevaba a los cuartos de la casa. Y porque no le permitieron despedirse del hombre que apenas unas horas atrás había visitado sus entrañas por primera vez y las había impregnado de una humedad de la que todavía quedaban huellas cuando subió al avión que la condujo a Panamá en compañía de su padre” (p.77). ¿El hombre que había “visitado sus entrañas”? ¡No fregués, Quiroz!

No hay necesidad de leerlo todo: si usted salta de página en página –o de a tres o cuatro– y lee las primeras líneas de algunos párrafos escogidos al azar, se enterará perfectamente de lo que pasa. Y se ahorrará la rabia. Así me tocó hacer cuando pasé de la mitad porque no soporté más.

Lo único que logró este libro, de verdad, fue hacerme caer en cuenta de que estaba perdiendo el tiempo.

Por favor: no lo hagan ustedes.

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