La feria con otros ojos

Una columna que por fortuna y para bien , rebate mi ingenua teoría sobre la feria del libro:

Otra vez la feria
Por Juan David Correa.
(El Espectador)

Quedan tres días, quizá sea hora de cambiar el recorrido.

¿Cuál es el libro de la Feria? ¿Qué ha comprado, visto, hojeado, que valga la pena? ¿Le parece que la Feria es lo mismo de antes? ¿Le da la impresión de que ir a la Feria es como asistir a una fiesta con los amigos de hace veinte años que se empeñan en las previsibles salidas de siempre? Es probable que usted haya oído y respondido esas preguntas si se ha paseado por la Feria en estos días. Es factible que todas puedan contestarse con un sí rotundo por esa manía que tenemos de dar por sentado que todo sigue igual; que cuando los espacios se consolidan, es como si estuviéramos releyendo una historia de sobra conocida. Sin embargo, cuando la gente pregunta o afirma ese “siempre” con repetida manía, es muy posible que se estén pasando por alto libros y esquinas realmente sorprendentes que, a lo mejor, no tienen que ver con los centros comerciales que ya conocemos .

El primer ejemplo está en el estand del Distrito. Libros como Bogotá retroactiva, de Andrés Ospina, un ejercicio de memorabilia bogotana; Árboles de Bogotá, una hermosa edición en la que se pueden conocer los nombres de los cientos de árboles sembrados en nuestras calles, y La carrera de la modernidad. Construcción de la carrera décima. Bogotá (1945-1960), de Carlos Niño Murcia y Sandra Reina, uno de esos libros que dan ganas de leer y mirar y tener para saber a qué nos referimos cuando hablamos de urbanismo, son sólo tres ejemplos de ediciones muy cuidadas, bellamente editadas, bien escritas, investigadas, en fin, libros buenos, libros que quizá no estén bajo los faros de neón de los primeros pisos, pero que brillan solos.

Al lado del estand del Distrito está el de Reic, la Red de Editoriales Independientes, que a pesar de ser un adefesio en diseño arquitectónico, recoge lo mejor de fondos como Taller de Edición Rocca, La Silueta o Ícono, editoriales que nos están demostrando que la independencia no es sinónimo de precariedad. Un piso más abajo está el estand de Tragaluz Editores, que acaba de lanzar un hermoso libro de poemas ilustrados de Juan Felipe Robledo y cuyas ediciones prueban que el futuro de la edición está en la ambición por recuperar al libro como un objeto contra el cual no podrán mil kindles.

Si el plan es comprar libros para niños, hay un pabellón entero con verdaderas sorpresas. Desde el Fondo de Cultura Económica a Babel Ediciones hasta Fundalectura, que este año cumple su 20° aniversario y en donde se encuentra la más completa selección de libros para niños y jóvenes, hay verdaderas sorpresas. Y si el plan es entrar a una librería, la del Fondo de Cultura Económica, en el pabellón 4, o del Bicentenario, que, en honor a la verdad, está mucho mejor que casi todos los países que ponen danzas folclóricas y trajes típicos cuando son invitados de honor. Quedan tres días de Feria. Y quizá sea hora de cambiar el recorrido: comience por los segundos pisos y piérdase lo mismo de siempre.

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