¿A quién le importa?

Hace unos días Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Un paso difícil que no estuvo alejado de la polémica: cientos de personas se lanzaron a la calle a protestar por esa aberrante ley que, según ellos, afecta la formación natural de la familia, el bastión principal de cualquier sociedad.

Apenas anoche vi Milk, la película de Gus Van Sant protagonizada por Sean Penn donde se cuenta la vida del activista político Harvey Milk, primer homosexual en conseguir un puesto público en los Estados Unidos y luchar por los derechos del género en los años setenta. La cinta es una historia emotiva que narra con acierto los matices de un personaje que, como todos, no deja de ser un tanto contradictorio; en cualquier caso, el camino que comenzó Milk al norte sigue dando frutos y cada vez más los homosexuales ganan un terreno por el cual no deberían estar luchando. Y no deberían, digo, por algo tan elemental como ignorado: en el fondo lo que priman son los derechos del individuo y no sus gustos bajo las sábanas.

Yo lo aprendí mejor gracias a Madrid. Hace más de un año, cuando llegué, arrendé un apartamento con Bia, la becaria brasileña, y Guillermo, el mexicano. Pese a que no sabíamos nada los unos de los otros íbamos a ser lo más parecido a una familia al menos por seis meses; creo que por entonces, debido a la emoción de la nueva vida que comenzaba, ninguno se preocupaba demasiado por el pasado de los otros. Pero a medida que corrió el tiempo, las cosas empezaron a revelarse: Guille, que es Cristiano Bautista, descubrió que lejos de lo que había sido su vida podía sentirse sin ataduras; poco a poco comenzó una lucha interna hasta que decidió contarnos su verdadera inclinación sexual.

Mentiría si negara que al principio me resultó un poco incómodo saber que mi vecino de cuarto se encerraba en el suyo con otro tipo, pero al poco tiempo me di cuenta de que esas cosas no tenían por qué importarme. Quizás sin saberlo Guillermo me hizo practicar un silencioso ejercicio de tolerancia que, hasta entonces, no había tenido la oportunidad de vivir. Y fue grandioso, no sólo porque Guille es una persona brillante, noble y admirable, sino porque pese al poco tiempo logramos construir una bonita amistad. Eso, claro, sin contar con que varias de las mejores fiestas que recuerdo de Madrid nos las dimos en Chueca.

A veces me cuesta entender por qué mucha gente piensa aún que lo que uno hace en su cama deba tener repercusiones en otros aspectos de la vida. Supongo que aún quedan varias barreras morales que serán difíciles de destruir. Yo, mientras tanto, espero algún día poder volver a ver a Guillermo en México.

8 comentarios:

Ana dijo...

Seguro que Milk no fue el primer homosexual en conseguir un puesto público en Estados Unidos... fue el primer hombre abiertamente homosexual en lograrlo. Digo, no? Claro que la precisión no sé que tan importante sea, pero a mi me queda faltando.

Martín Franco dijo...

Por supuesto, Ana. Quién sabe cuánto reprimido hubo (y hay) en puestos públicos y privados. Es evidente.

Ana dijo...

Sí, qué vaina! Uno entiende que se repriman (entiende a muchos que lo hagan) porque en esta sociedad no es fácil declararse homosexual, uno lo que no perdona es que sus represiones sean causa de otros males o de más represiones... el que mata a Milk es uno de esos, uno que no ha salido del closet (espero no tirármele la película a nadie)... claro que no sé, en ese esquema de cosas uno podría terminar justificando a todo el mundo.

En todo caso, como dices, es evidente que estamos reprimidos... muchos!

Ana dijo...
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yacasinosoynadie dijo...

yo confieso que en tu caso me hubiera mudado lo más pronto posible de ese apartamento...

Yo no los molesto, no los insulto, no los fastidio, no los miro mal, pero no los soporto. No se, es algo que viene en mi, que le vamos a hacer.

Martín Franco dijo...

Bueno, mi estimado: a lo mejor le hace falta vivir una experiencia similar, ¿no? Siempre estamos llenos de prejuicios.

Ana dijo...

A mi me generan la misma duda los que no se los soportan, así como tan de las vísceras... los que piensan que se les va a pegar por estar cerquita, es porque ya les pica. ; )

Rafael-León Ruiz Vindel dijo...

No estaría mal que las próximas cerves fuesen en México. Se os echa de menos cabrones!!