Fútbol

He estado pensando en ciertas cosas que con el tiempo me gustan un poco menos. El fútbol, por ejemplo. Antes solía disfrutar más cada partido –cualquiera que fuese– pero ahora me cuesta trabajo terminarlos. Con el mundial la cosa cambia un poco, aunque no soy de esos que ve los sesenta y pico de juegos ni se queda pegado a la pantalla con un Serbia-Ghana. No sé por qué uno de los mundiales que más recuerdo es el de Estados Unidos, en el 94; quizás, como todos, pensaba que por fin Colombia sería campeona del mundo y me dejaba llevar por esa ilusión de ver a esa brillante generación de futbolistas en lo más alto. Todavía recuerdo el día en que asesinaron a Escobar, poco después de que la selección saliera del campeonato por la puerta de atrás: estábamos de vacaciones en la finca de mi abuelo; todas las mañanas el viejo ponía el radio muy temprano y más de una vez nos despertaba el sonido de la emisora, que no sintonizaba del todo bien. Ese día me desperté como siempre y vi a los que estaban levantados con las caras largas, pegados al aparato. Muchos años después pienso en ese momento y aún no puedo entender por qué una persona es capaz de matar a otra por un simple juego. Supongo que tal vez por eso es que cada vez le voy perdiendo más el gusto: porque cada día que pasa el fútbol se vuelve menos alegría y más negocio; menos juego y más pasión; menos distracción y más locura. Que un equipo gane no debería ser el fin del mundo. Mucho menos que pierda. Después de todo no son más que veintidós muchachos corriendo detrás de un balón.

3 comentarios:

Jorge Sánchez dijo...

Hoy un amigo me contó que vio un documental que relaciona la muerte de Pablo Escobar en diciembre de 1993 con la muerte de Andrés Escobar en 1994. De hecho, en el documental se insinúa que el fracaso de Colombia en el Mundial se debió justamente a eso, a que Pablo Escobar (que, al parecer, era el padrino de la selección del 5-0 contra Argentina) fue dado de baja pocos meses antes. Es probable que los narcos y paras que quedaron después de Escobar (Pepes, Cartel de Cali, etc.) se hayan disputado, entre otras cosas, el control de la Selección Colombia, lo cual generó la debacle. No suena tan descabellado, ¿cierto?

A mí me empezó a disgustar el fútbol luego del Mundial del 94. Ahora no le veo mucho sentido a apasionarme por un deporte tan manipulador que, por eso mismo, ha sido desde siempre manejado por fuerzas oscuras (nazismo, fascismo, comunismo, dictaduras, mafias, capitalismo salvaje, etc.).

Martín Franco dijo...

Tantas versiones que se tejen sobre eso, Jorge. En cualquier caso, lo que es claro es que la muerte fue por el autogol. Sí o sí. A mí me gusta el fútbol como juego, pero ya es jodido verlo así por cuenta,entre otras cosas, de todas esas "fuerzas oscuras" que usted menciona ahí.

Andrés dijo...

Pues me parece Martín que usted descubrió que el agua moja...

Resulta más que obvio que hoy en día el fútbol más que un deporte es en una mafia.