Fútbol, política y libros

Pasada la euforia de las primeras semanas, el mundial de Sudáfrica se revela como un torneo lento y aburrido. Partidos sin emoción, marcadores estrechos, férreas defensas y las insoportables ‘vuvuzelas’ han sido las constantes de este campeonato que –es triste decirlo– cada vez se pone peor. Los equipos grandes han decepcionado; África, como siempre, se queda como la eterna esperanza, y las selecciones de América (¡quién lo creyera!), son las que están sacando la cara. La cuestión es que cada vez me cuesta más levantarme a las 6 y 30 de la mañana a ver al equipo que sea, aunque para ser sincero sólo lo hago si hay un juego que valga la pena. Pero, como va la cosa, parece que lo mejor va a ser quedarse en la cama. Ojalá en octavos de final el nivel mejore, aunque algo me hace pensar que más de un partido tendrá que definirse por penales después de 120 minutos sin goles.

Así que, sin mucho fútbol ya que ver, sólo quedan dos temas por escribir: política y libros. Del primero no hay más qué decir, y menos después de estas tres semanas en las que el candidato del Partido Verde terminó de ahogarse en su propia ola; por desgracia, está demostrado que para gobernar hacen falta más que buenas intenciones. Yo, lo confieso, alcancé a ilusionarme con los verdes, pero creo que al final hizo falta un líder; parece que al profesor le quedó grande y él solito, nadie más, fue el encargado de hundirse. Una lástima. Ojalá que en el futuro alguien retome las riendas de un partido que puede volver a ilusionarnos con fuerza.

Del segundo, en cambio, quería comentar un grato encuentro: Frutos extraños, las crónicas reunidas de la argentina Leila Guerriero. Creo que está de más repetir de que Guerriero es una de las cronistas imprescindibles de esta época; sus historias, además de novedosas, giran siempre en torno a unos personajes fascinantes: Jorge González, el gigante argentino que jugó en la NBA, triunfó en Estados Unidos, y ahora pasa los días enfermo y sin dinero en un pueblito gaucho; Rene Lavard, el mago manco; Miguel Tomasín, el líder de la exitosa banda Los Reynols que canta a pesar de su síndrome de Down, y Jorge Busetto, un médico cardiólogo que en sus ratos libres se convierte en el clon de Freddy Mercury. Tremendos personajes sumados a un estilo limpio y que agarra desde el primer párrafo, hacen de este libro una verdadera joya. Mucho tenemos que aprender de Leila los que nos dedicamos a este oficio. De eso, claro, no hay duda.

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