Trancón

La buseta se estancó en un trancón de la 13. No avanzaba. Al tipo lo vi cuando miré por la ventana: estaba ahí, entre la gente que pasaba apurada, justo en la mitad del estrecho andén. Llevaba muchos días sin bañarse; tenía el pelo sucio y revuelto y una barba espesa de meses. Estaba cruzado de piernas y cargaba en la mano lo que parecía ser una tiza. Concentrado, absorto, el hombre dibujaba en una baldosa del suelo; luego se rascaba la cabeza, analizaba lo hecho, y seguía en su tarea. La gente pasaba a su lado, algunos sin verlo y otros –casi todos– mirando de reojo sus dibujos. Traté de adivinar lo que pintaba pero fue imposible: no alcanzaba a ver el suelo. El trancón se disolvió; la buseta arrancó con un jalonazo brusco. Antes de perderlo de vista volteé para mirarlo otra vez; él seguía imbuido. Jamás levantó la cabeza para mirar a nadie.

2 comentarios:

Juliana González dijo...

Justamente esta semana, una buena amiga publicaba un poema que tu texto me ha recordado:

UN MENDIGO

Parecía
mirarme
desde muy lejos,

pero estábamos
a un metro
escaso
de distancia;

yo de pie.

(Karmelo C. Iribarren)

yacasinosoynadie dijo...

me hizo acordar de ese buen cuento de Tomas Gonzales titulado Verdor... Un abrazo...