Ese detalle...

Contracorriente
Director: Javier Fuentes León

Cualquier historia de amor funciona si se cuenta bien. No importa que sea entre un hombre y una mujer, que haya una diferencia abismal de años entre ellos, o que se dé, como en este caso, entre dos hombres. Brokeback Mountain, de Ang Lee, había demostrado que de un romance entre dos vaqueros del rudo oeste norteamericano se podía hacer un gran relato; y ahora, el director peruano Javier Fuentes León intenta demostrar lo mismo con la relación entre un pescador y un pintor en un pueblo de la costa peruana.

Y la historia, digamos, funciona hasta cierto punto: uno logra ver como a Miguel (interpretado por el boliviano Cristian Mercado) lo atormenta llevar la doble vida de esposo ejemplar y amante de Santiago (Manolo Cardona), un pintor medio bohemio que lo impulsa a salir del clóset. Va bien la cosa, sí, hasta que pasa algo (y lo voy a contar, a riesgo de tirármele la película a los que no la hayan visto): Santiago muere en el mar arrastrado por la corriente. Aquí es donde está el problema, donde entra el recurso que le quita credibilidad a la historia: después de muerto Santiago se le aparece a Miguel cada vez que este lo llama. Lo gracioso es que no sólo pueden hablar, sino, además, jugar fútbol, besarse y hasta acostarse juntos. Santiago, mientras tanto, lo impulsa a afrontar su realidad y le pide el favor de que encuentre su cuerpo y lo entierre para que así pueda descansar en paz.

Todo funciona en la película, caramba, menos eso: los personajes están bien hechos, las interpretaciones son buenas y la historia tiene un drama que está bien manejado. Entonces, ¿para qué echar mano de esa técnica? Perdonarán los que saben, pero sencillamente la cosa no es verosímil; y eso que si un recurso de ficción se usa bien, el espectador se puede tragar cualquier cosa.

Pero esto no.

No hay comentarios: