Dejar atrás

Pensaba escribir sobre la liberación de Moncayo, sobre la lluvia que prolongó su regreso por varias horas, sobre el abrazo entre padre e hijo que despertó suspicacias en muchos porque no fue un mar de lágrimas, sobre los comentarios despectivos de los foristas en los medios virtuales que no parecen entender el calvario enfrentado por ese soldado durante más de una década, sobre ese joven que se llevaron y se volvió un hombre en la selva, alguien que no puede ser el mismo, y sobre lo mal que lo juzgan por no meter en sus palabras de agradecimiento a Uribe, por hablar pausado y con calma, mesurado, por agradecer a Chávez y a Correa e ignorar al presidente que pronto se va, y, también, sobre lo jodido que le debe haber resultado enfrentar después de tanto tiempo a un país polarizado, intolerante, ciego y sin escrúpulos.

Pensaba hablar sobre esas cosas, decía, pero prefiero dejarlo así. En vez de eso he dado una vuelta por los blogs que frecuento y he encontrado, como siempre, un montón de letras sobre esto y lo otro, sobre todo y nada, sobre cosas trascendentes y anécdotas cotidianas. He descubierto que en el blog de una librería me borraron, que en otro más escribieron sobre Dino Buzatti y estuve tentado a comentar lo bonito que fue para mí encontrar El desierto de los tártaros (un libro que me recuerda a mi amigo Iván, el mexicano en Madrid) pero no lo hice, y he visto varios más que quisiera que estuvieran actualizados y siguen como antes.

En los últimos días he renunciado a escribir sobre temas que hace apenas unos meses habría tratado sin dudarlo; ya no tengo una columna, ahora muchas cosas de esta realidad torcida y desquiciada prefiero guardármelas que dejar, por ahí, opiniones deleznables. Después de todo, eso son los juicios de valor: argumentos que se parten en mil pedazos y que nosotros mismos encontramos estúpidos con el tiempo. He convertido este espacio en lo que fue al principio, varios años atrás, cuando aún el fondo era negro y sólo un par de despistados se pasaban por acá: un sitio para escribir cualquier cosa, un lugar alejado de la presión de tener que decir siempre cosas inteligentes y sesudas.

Quisiera entender por qué, de un tiempo para acá, me ronda la idea de desprenderme de tantas cosas, de cambiar la forma de abordar una profesión que me deja más dudas que certezas, más disgustos que tranquilidades y, sobre todo, decenas de incertidumbres. Doy vueltas por los blogs, por las revistas, por los periódicos y en todos veo lo mismo. Nada cambia, ni siquiera esto. Quisiera comprender por qué no mejor hablo de Moncayo, de lo mismo que trata todo el mundo todo el tiempo, o por qué mejor no me quedo callado y dejo de hacer entradas sobre nada, sobre devaneos inútiles y sin importancia, cuando allá afuera, en este mundo tan jodido, están pasando cosas, el tiempo va corriendo y los periodistas se levantan todas las mañanas a buscar la chiva, el último minuto, la información que nos va a cambiar la vida.

Quisiera entenderlo, quisiera hablar de Moncayo.

Otra vez será.

4 comentarios:

Raquel Godos dijo...

A mí eso me ocurre desde siempre y con un agravante: nunca escribí algo realmente interesante con anterioridad. En la escritura hay mucho de necesidad, de contar, de intentar hacer pensar al otro...¿Para qué hablar de Moncayo si tantos ya lo hicieron? Hablar de ti por Moncayo, más interesante. Como has hecho.

Juliana González dijo...

Mono, en la última entrada de mi blog te he dejado la respuesta a esta entrada. Una reflexión más en voz alta, en este debate de si sí o si no el blog, y qué escribir, que tantas veces hemos tenido.
Con un abracito!!
Juli

Catalina Franco Restrepo dijo...

Llegué a tu blog por casualidad y me encontré con varios pensamientos que también han pasado por mi mente...Me gustó. Aquí te dejo la dirección de mi blog para que, si quieres, lo mires. www.catalinafrancor.com

CarolinaVK dijo...

Yo también he querido volver al mío, pero no puedo. Quiero reflexionar sobre el oficio de editor, pero me quedo corta. Y me quedo corta también cuando escribo cualquier cosa, y los pocos que me leían ya no lo hacen.

Pero yo vuelvo por acá y me gusta más encontrar a este Martín que al periodista. No sé a ti quién te gusta ser acá. Y de acuerdo con Rafael, no hay necesidad de hablar de lo que todos están hablando, como de los Proms.