Vallejo, reloaded

Me hubiera encantado ver a Fernando Vallejo el jueves durante la presentación de su nueva novela en Bogotá, aunque puedo imaginar cómo habrá sido la cosa: una docena de periodistas ávidos le habrán jalado la lengua y él, ni corto ni perezoso, habrá acabado despachándose contra Colombia, Medellín, Uribe, los políticos, los periodistas y un largo etcétera que ya nos sabemos de memoria. El mismo Vallejo público de siempre, rabioso y deslenguado, prestándose para un juego mediático que cada vez escandaliza menos. Así que de repente estuvo mejor así.

Regla número con Fernando Vallejo: leerlo antes que criticar sus salidas en falso de los medios. Su nuevo libro, titulado de manera irónica –diría uno– El don de la vida, sigue la línea autobiográfica de El río del tiempo, aunque, esta vez, a manera de un extenso diálogo con la muerte salpicado de difuntos que el autor ha ido anotando con paciencia y esmero en una libreta. En el entretanto brotan los recuerdos de infancia, sus “muchachitos” y, por supuesto, el aguijón envenado de sus palabras.

No es mucho lo que se puede decir de Vallejo, así que mejor dejar que hablen sus libros. Copio esta frase de El don de la vida como abrebocas al libro de un escritor que, más allá de los odios y amores que genera, tiene una prosa impecable y deliciosa. ¿Qué le hacemos?

“¿Y qué es la muerte, pues? Es el sueño sin sueños. Con una diferencia sí
pero tan pequeña que al fin de cuentas no cuenta: que en el sueño la maquinaria
fisiológica sigue funcionando y con la Muerte deja de funcionar. ¡Y qué más da
un corazón o unas tripas si lo que importa del hombre es el alma, el espejismo
del alma! Unos instantes que pasan, unos recuerdos que quedan, otros recuerdos
que se borran, una foto que envejece, un pasaporte que caduca, un idioma que
cambia, una casa que tumban, una era que concluye, un tren que se va…”

2 comentarios:

Juliana González dijo...

Mono, qué buena lista de lecturas recomendadas... La de los pinchazos es impresionante... Bueno, es que además las firmas que tienes, algunas de ellas, no tienen pierde, como Leila Guerriero, José Alejandro Castaño y John Carlin (incluidas sus crónicas futboleras ;) Pero no veo la que me pasaste el otro día de Etiqueta Negra, del periodista asesino, que es estupenda también.
Y sobre Vallejo, yo lo que no entiendo es por qué ese gruñón que sale en los medios no tiene nada que ver con la mansa paloma que es en privado... no lo entiendo. Porque uno puede ser provocador, pero es que luego lo ves y no le pega… Su literatura, sin embargo, y sin discusión, es de lo mejor que ha salido de Colombia. Aunque ya sabes que a mí no me gusta hablar de literaturas "nacionales", no me gustan las etiquetas…
Un besito y ahora que estoy de vuelta volveré a pasearme por aquí, así sea para discrepar contigo, jeje.

Martín Franco dijo...

Bienvenida de nuevo, mona. Y mejor que sea para discrepar: al final, la idea de estas cosas es que se conviertan en una conversación animada y sabrosa.