San Joe Arroyo

El centurión de la noche
Mauricio Silva G.
La Iguana Ciega Editores.

Puede que Joe Arroyo no sea la única estrella de la música que haya tenido una carrera fulgurante, pero sí una de las pocas que ha hecho lo posible por jodérsela. Subyugado por el cliché que es su vida de rockstar –aunque quizás él mismo ni se dé cuenta–, Joe ha estado en más de una oportunidad del lado de la parca a causa, entre otras, de su irremediable gusto por el bazuco y la vida nocturna. Para fortuna de su público, siempre “se le fuga a la candela”.

Pero más allá de su vida privada, lo que verdaderamente cuenta –y nadie niega– es que Joe ha sido uno de los cantantes más importantes y, sobre todo, innovadores del folclor colombiano. Una verdad de a puño que en esta biografía su autor nos martilla una y otra vez: incapaz de lograr una distancia con el personaje, Silva le pone al Joe una aureola beatífica que, no nos digamos mentiras, el hombre jamás tendrá. Sí, es verdad que muestra que el Joe ha metido, que ha dejado plantados a periodistas, que ha tenido líos financieros y que, incluso, alguna vez estuvo en la cárcel, pero el ensalzamiento excesivo de su figura hace que, por arte de magia, todos sus defectos se conviertan en virtudes.

Es una lástima que este libro tan bien ‘dateado’ (a leguas se ve que su autor conoce de pe a pa la discografía del cantante cartagenero) y lleno de anécdotas valiosas termine, digámoslo así, empalagando al lector. En cualquier caso hay que reconocer que uno se divierte leyéndolo y, lo mejor de todo, se queda por semanas con las canciones del Joe pegadas como disco rayado.

2 comentarios:

Andrés dijo...

Hay algo que pocas personas conocen y es que la recordada canción "La Rebelión" es lo más cercano a la perfección en términos musicales hecha en Colombia en toda la historia, -así lo aseguran algunos expertos en el tema- lo cual muestra la calidad musical del siempre grande Joe, y que tenga vicios como tantos otros no le quita en lo más mínimo su gran aporte al folclor colombiano.

Martín Franco dijo...

Claro que no le quita méritos, mi estimado Andrés, y por eso mismo tampoco tendría nada de malo reconocer que el Joe -como cualquier otro- no es perfecto. Después de todo, es una persona más.