Adictos

Cada vez me convenzo más de que el peor avance tecnológico de los últimos tiempos se llama Blackberry. El dichoso aparatico –para quienes aún no lo conocen–, tiene la asombrosa capacidad de abstraernos del mundo real y mantenernos atados a una pantallita como si fuéramos unos autómatas. Eso, claro, sin contar con otras maravillosas ventajas: dejarnos conectados siempre al trabajo, andar paranoicos revisando el correo electrónico para ver si alguien nos ha escrito, y producirnos sudor en las manos y una creciente ansiedad cuando por algún motivo no lo llevamos en el bolsillo.

El pez muere por la boca, dicen, pero me niego a adquirir el bendito aparato. No lo haré y menos después de este fin de año. Resulta que me encontré en Manizales con un amigo muy querido que no veía desde hace unos tres años; animados, quedamos de vernos en “la arriería”, un lugar donde se recrean las fondas de los pueblos caldenses. Allá llegó, pues, acompañado de un amigo a quien no conocía, y luego de los saludos pedimos una botella. No alcanzamos a cruzar las primeras palabras cuando ya la conversación se había arruinado: cada dos minutos mi amigo sacaba la Blackberry de su bolsillo y se abstraía en ella moviendo los dedos con una rapidez asombrosa. Yo le hablaba, sí, y a veces parecía que entendía, pero no pude dejar de sentir lástima por la escena.

La conversación –si es que hubo–, se dañó de inmediato; en realidad no supe mucho de lo que había pasado con él en estos últimos años, y al estar imbuido en sus conversaciones virtuales él tampoco se interesó demasiado por preguntarme nada. Al final, pasó lo que sucede cuando uno no encuentra mucho de qué hablar: volvimos sobre los hechos de un pasado lejano que cada vez nos interesa menos.

Nos despedimos con la promesa de volver a vernos.

Sobra decir que, por supuesto, no sucedió.

6 comentarios:

Juan Sebastián Murillas Salgado dijo...

¡Esas son las anécdotas que nos lían con lo absurdo de las aberraciones! Sin embargo, Martín, el objeto de la reflexión, más allá de tu incompatibilidad con el blackberry, halla su razón de ser en la propia patología de quienes usan el "aparatico". No se trata de un mal avance de la tecnología, entendiendo el avance como una forma de adaptar los nuevos dispositivos de entretenimiento e información a la necesidad de inmediatez de los usuarios. De alguna manera infortunada, dichos usuarios están pasando de ser urbanos a ciber - urbanos. Y eso ya es un hábito letal. Porque uno de los mayores deleites que nos brinda la ciudad es la amplia gama de gentes y sucesos de gentes para ser observadaos, pesados, ironizados. ¡Y cada vez hay menos observadores! Entonces el problema es de adicción, como muy bien lo señala el título del post. Una ventanita de litio te arrebata a otras miles de ventanas palpables, a los corrillos que se despeñan por las aceras. Yo también me quedo perplejo ante la inmutabilidad de quienes convierten el blackberry en su nuevo sistema nervioso central y se pierden el concierto de la esquina del barrio. Pero en fin, los programadores son bastante audaces como para recostarse sobre la forma de ser adictiva de los crecientes usuarios y generar este tipo de dispositivos. "Paciencia, paciencia, ya casi termino", dice mi hermano entre un sorbo de avena y el clic en su Java celular". Y al decir verdad, yo no soy un tipo de paciencia.

Martín Franco dijo...

Eso es cierto, Juan Sebastián. El problema es que quien compra el blackberry, cae. Y yo también, como usted, tengo que ejercitar bastante la paciencia. Bienvenido por acá.

Terapia de piso dijo...

El problema, Martín, no es el aparato, sino cómo algunos o muchos lo terminan usando.

Saludos desde Caracas.

José Roberto Coppola

maggie mae dijo...

ay si, qué horror la gente con blackberry, no pueden tener una conversacion sin mirarlo. mirá esto: http://www.youtube.com/watch?v=PYDA7__znfY

Martín Franco dijo...

¡Buenísimo Maggie! Tal cual es la vaina.

yacasinosoynadie dijo...

estoy de acuerdo con Jose Roberto... esta entrada me recuerda a una hace marras sobre el facebook... y hoy digo lo mismo que dije en esa época: lo malo no es la tecnología sino la forma incorrecta de utilizarla...