Fernando Vallejo
Decir adiós siempre duele. Algo se queda en el lugar que dejamos; algo que esperamos volver a encontrar un día aunque sepamos que en el futuro todo será diferente. Hay una parte nuestra que no se va: un recuerdo, una imagen, un momento.
Un año, un mes y casi veintidós días después llega el adiós; volver, como dice el tango, bajo el burlón mirar de las estrellas. Decir adiós a lugares, a personas, a una tierra que me deja tantas cosas. No soy –no puedo ser– la misma persona que llegó hace tiempo. Es difícil mirar atrás y pensar que todo ha pasado tan rápido; al otro lado me espera, de nuevo, la vieja realidad.
¿Qué me queda?
Momentos inolvidables, amigos entrañables.
Y quedan, sobre todo, recuerdos.
Recuerdos. Frágiles instantes de la memoria que alguna vez nos hicieron felices. O algo parecido. A todos los que quedan y los que ya no están, los que quizás me demore en volver a ver, a los que han hecho parte de este capítulo que ahora se cierra, les deseo que soplen buenos vientos. Hasta que el destino nos vuelva a poner en el camino.
A España, esta tierra árida y cálida, a sus cañas y sus jamones, a sus trenes, a sus gritos, sus copas y sus olivos, sin duda echaré de menos.
Adiós Madrid. Adiós España.
Adiós.


4 Moscas muertas:
como chuscas las compañeras
Mucho bizcocho, Peláez, no se puede negar.
¡Parce que me vas a hacer llorar coño! Aunque cada uno siga su camino y nos separen miles de kilómetros, en las imágenes siempre estaremos juntos. Jóvenes, sin que pase el tiempo.
alguien dijo: siempre volverás a la misma pagina, siempre volverás a la misma novela, siempre volverás a la misma mujer... Bienvenido de vuelta Martín (el presente nunca será mejor, pero es)
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