América para los americanos

El insomnio de Bolívar.
Jorge Volpi
Debate

¿Qué significa ser latinoamericano? ¿Cuáles son los elementos comunes –si lo hay– que nos unen como ciudadanos de un mismo continente? ¿Por qué sabemos tan poco y nos interesan todavía menos nuestros vecinos?

Preguntas como éstas son el punto de partida del libro “El insomnio de Bolívar”, una serie de ensayos con que el mexicano Jorge Volpi acaba de ganar el premio “Debate-Casa de América”. Un libro ameno, ágil y lleno de humor que arranca con mucha fuerza pero que al final va perdiendo impulso. En el intermedio, sin embargo, deja valiosas reflexiones sobre el pasado, presente y futuro de nuestras divididas naciones.

Dice Volpi, para empezar, que fue en España donde se dio cuenta de lo que significa ser latinoamericano. Justo allí, cuando se vio en la necesidad de reivindicar ante sus compañeros españoles a un continente generalmente olvidado y menospreciado, pensó por primera vez lo poco que en nuestros propios países conocemos de los vecinos. (Aquí un paréntesis: es increíble que Europa, separada por barreras lingüísticas y culturales casi infranqueables, haya logrado unirse, mientras que América con el mismo idioma –salvo la excepción del “impávido coloso” que es Brasil– y creencias no tan disímiles, continúe, doscientos años después de las independencias, mirando cada vez más para distintos lados).

Un ameno recorrido por el pasado y presente de nuestros países –punto a favor: la prosa es ágil y el libro está desprovisto de esas citas eruditas con que los ensayistas nos demuestran lo mucho que han leído–, nos permite ver un poco la luz: gobiernos actuales que, disfrazados bajo la etiqueta de “democracia”, son casi el reencauche de las dictaduras que proliferaron en la segunda mitad del siglo XX; peligrosos nacionalismos que nos identifican como naciones (“¿Qué significa ser chileno? Básicamente, no ser peruano. ¿Y salvadoreño? Básicamente, no ser nicaragüense. ¿Y venezolano? Básicamente, no ser colombiano”); y puntos comunes como el cansancio del mecenazgo estadounidense, son algunos de los elementos que nos identifican.

Volpi aborda, también, el fracaso de la guerra contra las drogas y el auge de la “cultura narco”; la ausencia de los compromisos por parte de los escritores actuales quienes, a diferencia de los narradores del Boom, son políticamente escépticos; las enormes desigualdades económicas de un continente lleno de contrastes –demasiados pobres y un grupo selecto de millonarios–; y la forma como, según él, América Latina en realidad no existe.

“El insomnio de Bolívar” está lleno de frases valiosas (“Se conforma la previsión de los escépticos: la democracia no garantiza el bienestar ni la felicidad”. “Paradoja latinoamericana: por un lado, la hipócrita veneración de las leyes escritas y, de otro, el burdo desprecio hacia su práctica”), pese a que el aparte dedicado a la literatura suena, más bien, como un pago de favores a sus amigos. Salvo esta pequeña excepción –y la desmedida adoración al personaje de Roberto Bolaño–, el libro vale la pena.

Que sea pues el propio Volpi quien, a manera de conclusión, cierre el comentario. Ah, y en cualquier caso lean el libro, pues, seguro, muchas de estas ideas apenas quedan aquí esbozadas a medias: “Tal vez la mejor manera de celebrar nuestras independencias, es decir, los dolorosos procesos que convencieron a los distintos pueblos latinoamericanos de aislarse unos de otros, sea renunciando de una vez por todas a esas convicciones patrióticas, a los himnos y las banderas, a los odios y las exclusiones, a las caducas ideas de soberanía, para entrar en un mundo nuevo, en una era donde la pertenencia a un solo país no sea crucial y donde sea posible articular una ciudadanía –y una identidad– más amplia”.

2 comentarios:

Ivan Andrade dijo...

Yo estuve la charla que sobre el libro dio Volpi en la Feria del Libro de este año. Me pareció muy interesante. Su comentario me recordó que tengo que conseguirlo.

Saludos.

kekel dijo...

Yo a un tipo con esa cara no le compro un libro ni en pedo. Perdon pero obro así, es mi bolsillo.