Agassi


Hubiera sido más fácil, Andre. No hubiera supuesto mucho que, al igual que la mayoría de los grandes deportistas, tu silencioso retiro te hiciera permanecer en la memoria como una leyenda. Muchos recordarían, sin duda, aquella tarde de 2006 cuando el Arthur Ashe Stadium, en Nueva York, se paró a ovacionarte después de que un desconocido B. Becker (Benjamin, no el mítico Boris) te derrotara en tercera ronda del U.S Open, ese Grand Slam que ganaste en 1994 y 1999. Quedaría en el recuerdo la imagen del último punto –un terrible “ace”– que obligó al alemán a llevarse las manos al rostro y revelar, sin palabras, la vergüenza que sentía por haber despedido así a uno de los tenistas más grandes de la historia.

Quizás recordarían otra vez tus lágrimas, la voz entrecortada, los aplausos de un público que no quería perderte. Y si el silencio se hubiera prolongado, Andre, irían más atrás –mucho más– hasta ver de nuevo la imagen de un tenista de gorra, pelo largo y aretes que, desafiando la rigidez del pulcro “deporte blanco” a principios de los noventa, se presentaba en la cancha con zapatillas y ropa de colores.

Te verían llevándote los trofeos de tus ocho Grand Slams, la medalla olímpica, los grandes partidos contra el inmenso Pete Sampras y volverían a ser testigos de tu caída. Cómo olvidarlo: fue en 1997, el mismo año en que te casaste con la bellísima Brooke Shields cuando, por culpa de la presión y las drogas –como ahora lo sabemos–, bajaste al ranking 141 de la Asociación. Pero saliste, Andre. Regresaste a las canchas y, en contra de los que daban por terminada tu carrera, volviste a estar entre los diez primeros.

Todo eso pasaría, Agassi, si no hubieras hablado; si, como el resto, hubieras elegido el plácido cielo del elogio. Pero ayer apareció “Open”, una especie de autobiografía escrita por el periodista J.R. Moehringer –ganador del Pulitzer en el 2000– en la que, en un acto de confesión brutal, revelas decenas de verdades dolorosas: que odiabas el tenis, que detestabas la competición, que jugaste por la presión que te puso tu padre y que el mismo año de tu caída te dopaste con metanfetamina bajo la complicidad silenciosa de la ATP.

Quizás, para muchos, has destruido tu imagen de héroe. Ya algunos tenistas lo han dicho: Safin, Nadal, Becker. ¿Pero qué saben ellos? Hay que tener valor para revelar la verdad cuando todo podría ser tan perfecto; agallas para decir en voz alta: “miren, este es el verdadero Agassi, alguien que no es como creen. Un hombre que comete errores y se atormenta".

Ésa es la madera de los verdaderos campeones.


6 comentarios:

yacasinosoynadie dijo...

Martin, no me parece que tenga tanto valor lo de Agassi. Si lo hubiera dicho en la cumbre de su carrera deportiva ¡eso hubiera sido tener valor!, pero a estas alturas con las cuentas llenas y cuando no tiene nada que perder.... Bah, pura lora...

Rafael-León Ruiz Vindel dijo...

Yo creo que tiene mucho que perder. La imagen, que es lo más importante para un personaje público cualquiera que sea su profesión. Con esta autobiografía está arriesgando más que unos simples papeles pintados de verde.

kekel dijo...

Estimado Martín, yo lo apoyo en está. No es que este enfadado con éste yosapa, que me parece buena gente, lo que pasas es que me gusta eso de que los dioses sean humanos, que “pifien”, que tengan defectos.
Además, me encanta eso de decorar el pasado. Agregándole más a un tiempo muerto, inmóvil, no hacer mero revisionismo. Si algo de épica hubo, llenarlas aún más, untarle más. ¿Qué es lo que lo hace a uno héroe? ¿un buen final?, ¿una resurrección?, ¿un principio contra Burgueses?...

“No es héroe quien quiere; no basta ni el valor ni el don, tiene que haber hidras y dragones”
(Las palabras, Jean Paul Sastre)

Me gusta el tema, eso de vidas ausentes de épicas, como la my. Eso de los héroes.
Acá en mi país tenemos uno de esos héroes telúricos (Maradona), hace poco un escritor llamado Alejandro Dolina hizo una exposición en la radio que me gustaría compartir con los interesados.

Escriban a mi mail que les envió el archivito: ezequiel_unlz@hotmail.com

Martín Franco dijo...

Yacasi, Rafa: me resisto a creer que lo haga por dinero. Si a eso vamos, ¿no son suficientes los 31 millones de dólares que, según los cálculos, ganó en su carrera? Es algo que va más allá. Y sí, su imagen está en juego, pero es honesto. Así son las cosas. Coincido con Kekel y lo de los héroes. Ahora, lo de Maradona es otra historia: un gran jugador, sin duda, pero terminó creyéndose tanto el cuento de que es un Dios que ahora es intocable. Terrible. Martín Caparrós, ese gran escritor que tienen ustedes, dijo esto al respecto: http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=31241. Enviéme la nota de radio, hermano, a martinfrancov@gmail.com

Terapia de piso dijo...

A veces la valentía llega tarde. El mérito no es el mismo si Agassi lo hubiese dicho en su momento, pero no deja de ser valioso.

Saludos, M.

José Roberto Coppola

yacasinosoynadie dijo...

yo nunca dije que lo estubiera haciendo por dinero querido Martin... (creo que fue todo lo contrario)