Sobre la locura

Auto de fe
Elías Canetti
De Bols!llo (Random House Mondadori)

Peter Kien, el protagonista de esta novela, hace parte de la larga lista de locos que pueblan la literatura. Pero no sólo él: todos los personajes de este libro desquiciado tienen, en mayor o menor grado, un tornillo zafado.

Kien es “el mayor sinólogo vivo de nuestro tiempo”; un tipo alto y desgarbado dueño de una enorme biblioteca en la que vive encerrado (Todo ser humano necesita una patria, pero no tal como la entienden algunos patrioteros primitivos, ni tampoco una religión, incluso anticipo de una patria ultraterrena. (…) La mejor definición de patria es: biblioteca). Peter vive con un ama de llaves –Teresa– a la que considera burda e ignorante; sin embargo, su percepción comienza a cambiar cuando ve que trata a los libros con cariño y dedicación. Decide hacerla su esposa y allí empiezan los problemas. Teresa es una mujer ambiciosa y arribista que sólo busca apoderarse de una supuesta herencia que, en su fructífera imaginación, magnifica y hace enorme (El dinero, para los analfabetos, es la prueba decisiva en todo orden de las cosas: la amistad, la bondad, la cultura, el pode o el amor).

Cuando está convencida de que Kien no le dejará un testamento con los millones imaginarios, lo echa de la casa y entran en escena dos personajes igual de chiflados: el portero, un ex policía jubilado que se dedica a espiar a los vecinos del barrio por una mirilla instalada en una caseta –y también a golpear hasta dejar moribundos a los mendigos que se acercan–; y Fischerle, un enano jorobado que sueña con quitarle el campeonato mundial de ajedrez a Capablanca y que, luego de conocer a Kien en un antro de mala muerte, se dedica a estafarlo de todas las maneras posibles (La locura, decía con gran énfasis y clavando en su mujer una mirada aguda y penetrante que la hacía sonrojar, la locura ataca a los que sólo piensan todo el tiempo en sí mismos. La demencia es el castigo del egoísmo).

Auto de fe es un desfile de personajes desquiciados que caminan por la delgada línea que separa la realidad de la ficción. La trama va enredándose, poco a poco, en capítulos que a veces se dejan leer con gracia y otros en los que el terreno se vuelve denso, pantanoso, y del cual resulta difícil salir. Compré este libro, básicamente, por razones prácticas: necesitaba algo grande y barato porque pronto regreso y no quiero que los libros me ocupen media maleta; y porque las dos bibliotecas que fui en Málaga eran más pobres que las de cualquier colegio público. La novela es una extraña experiencia llena de aforismos (Un librero es un rey, pero un rey no es un librero) que, seguro, vale la pena.

Una cosa más: me gustó la historia de Canetti que cuentan en el prólogo: “sus diarios se hallan celosamente custodiados en la biblioteca central de Zurich, en un búnker situado a quince metros de profundidad, donde se encuentra en la actualidad el “legado Canetti”, parte de lo cual no podrá ver la luz, por voluntad expresa del escritor, hasta el año 2024”.

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