El caso Claudia López

Dos días después de que El Tiempo empleara un eufemismo para despedir a la columnista Claudia López por cuenta de su columna Reflexiones sobre un escándalo, he tratado de comprender bien el asunto y ver lo que éste deja. Aquí van algunas conclusiones:

1. El público no es pendejo ni traga entero. El editorial con que el periódico explicó ayer las razones de su abrupta –y a mi juicio equivocada– decisión, no convenció a la mayoría de los más de mil usuarios que dejaron mensajes en la página. La gente se dio cuenta de que la justificación no responde a las acusaciones de la periodista, sino que se dedica a defenderse con retórica: “Haber respondido con el silencio, o una imposible actitud flexible, equivaldría a aceptar como verdaderas, afirmaciones que son a la vez mentirosas y temerarias”. “Por otra parte, sabemos que el protagonismo público de algunos miembros de la familia Santos -accionistas minoritarios de la Casa Editorial EL TIEMPO- o los intereses legítimos que sobre el tercer canal de televisión tiene el socio mayoritario -el Grupo Planeta- son utilizados para construir absurdas interpretaciones sobre las noticias que publicamos. Algunas son fruto de las suspicacias exageradas, tan propias de la idiosincrasia nacional. Otras son producto de malas intenciones y de intereses empeñados en hacer daño”.

2. Los comentarios evidencian que la credibilidad del periódico queda, en este caso, muy mal parada. ¿No va a ser extraño ver ahora al señor Enrique Santos hablando de libertad de prensa desde la SIP?

3. Comprendo que a nadie le gusta que lo vapuleen en la esfera pública –y menos que desde adentro le “pateen la lonchera”–, pero el periodismo de opinión consiste, precisamente, en pensar, analizar y cuestionar a los elementos de poder que no funcionen de manera idónea. ¿Y quién dice que en ese costal no pueda estar incluida la “casa” de la columnista?

4. He releído varias veces la columna de López y no encuentro “afirmaciones mentirosas y temerarias”; lo que veo es una interpretación de los hechos que puede o no ser válida –el criterio de cada lector permitirá determinarlo–, y que, en mi opinión, debió haberse manejado con más cautela. Un debate ideológico hubiera sido mucho más provechoso que esa riesgosa decisión. Después de todo parece como si estuvieran lanzando el mismo mensaje de Uribe: “el que no está conmigo, está contra mí”.

5. ¿Cuáles de los demás columnistas de El Tiempo serán capaces de abordar el tema después de esta “amenaza camuflada”? Hasta ahora, ninguno; hoy en El Espectador escriben María Teresa Herrán, Rodolfo Arango y ayer una muy lúcida reflexión de Cecilia Orozco, quien fuera defensora del lector del diario de los Santos.

6. En ese bellísimo libro que es El olvido que seremos, Héctor Abad dice: “(…) hay un único motivo por el que vale la pena conseguir algún dinero: para poder conservar y defender a toda costa la independencia mental, sin que nadie nos pueda someter a un chantaje laboral que nos impide ser lo que somos”. Conservar esa independencia mental es algo que cuesta, sobre todo en el ámbito periodístico. Y para lograrla hay que pasar por estos trámites. Por desgracia en Colombia no es la primera vez que sucede –Pascual Gaviria pasó hace poco por algo parecido con El Colombiano– y seguramente no será la última.

7 comentarios:

maggie mae dijo...

a mí me parece raro que le hayan publicado eso para despedirla públicamente, los trapos sucios se lavan en casa.

Mónica Palacios dijo...

Yo estoy de acuerdo con todo lo que afirma Claudia López en su artículo, tiene toda la razón, pero no entiendo muy bien es porqué uno quiere seguir trabajando en un medio del que piensa, o mejor, sabe, que tiene intereses políticos y comerciales que comprometen su credibilidad y su deber periodístico, aunque lo que sigue responde algo a mi inquietud.
En todo caso, me permito Martín pegar aquí una carta que llegó a mi correo, es de Claudia López para Roberto Pombo. No sé si está publicada en alguna parte o cómo tuvo acceso a ella quien me la envió, pero creo que cabe dentro de tus conclusiones:

PARA SU DIFUSIÓN.

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Octubre 15 de 2009

Apreciado Roberto,

Con enorme sorpresa me notifiqué por el periódico de tu decisión de despedirme por las opiniones expresadas en mi columna “Reflexiones sobre un escándalo”.

Tener conflicto de interés no constituye un delito ni una falta a la ética o a la honra.

En un hecho derivado de circunstancias en las cuales surgen intereses contrapuestos, aunque legítimos.

En el caso de El Tiempo es un hecho derivado de la transformación y mixtura de vocaciones de los socios del periódico. Lo importante es no desconocer la existencia del conflicto y tener reglas adecuadas y transparentes para resolverlo.

Señalé en mi columna un caso específico, aunque no aislado, que quedó sin respuesta por parte del periódico:

1. ¿Con qué criterio periodístico escoge El Tiempo consultar a sus lectores si Andrés Felipe Arias debería renunciar a su candidatura presidencial por el escándalo de Agro Ingreso Seguro, y no pregunta si Juan Manuel Santos debería renunciar a la suya por los falsos positivos?

2. ¿Qué fuente les confirmó que Juan Manuel Santos es el candidato presidencial del partido de la U?

3. ¿Qué fuentes y argumentos los llevaron a declarar como único “ganador neto” del escándalo Agro Ingreso Seguro a Juan Manuel Santos?

Ten la certeza que no soy la única lectora de El Tiempo que tiene preocupaciones fundadas sobre el manejo de los conflictos de interés del periódico. No manifesté esa preocupación por suspicacia exagerada ni por mala intención, sino por genuino aprecio y porque nunca dudé que ese debate también podía darse en las páginas del periódico.

Lo hice en el mismo tono y estilo que han caracterizado todas mis columnas, con el convencimiento de que la que se refería a mi casa editorial no tenía por qué ser la excepción.

Contribuir a conservar el periodismo profesional, riguroso, equilibrado y preciso de El Tiempo fue mi intensión con esa columna, y sigue siendo mi decisión, también firme e irrevocable.

Te reitero toda mi gratitud y aprecio.

Fuerte abrazo,

Claudia López
Ex columnista de El Tiempo

Martín Franco dijo...

Mónica, tienes razón: ¿por qué seguía López escribiendo para un medio del cual tenía reservas? Vaya uno a saberlo. En cualquier caso su decisión me parece honesta y valiente: en vez de retirarse en silencio, como lo haría cualquier otro, puso el dedo en la llaga con una columna que por más que leo no veo calumniadora ni difamatoria. Creo que, como digo ahí, lo que hizo la columnista fue un análisis de la forma cómo el periódico cubrió un hecho; análisis que, por lo demás, está razonablemente argumentado. Que haya sido o no ésa la intención del diario es otra historia, pero al menos la periodista siembra la duda. Y ése es el mérito. Interesante la carta que publicas -me encanta la firma: "ex columnista de El Tiempo- y muy válidas las preguntas que, por cierto, el periódico no contestó en su editorial y dudo que ahora lo haga. A mí, personalmente, este tipo de cosas me desinflan cada día más del periodismo.

Martín Franco dijo...

Interesane punto de vista de Héctor Abad en El Espectador: http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/hector-abad-faciolince/columna167257-opinion-y-libertad

Mónica Palacios dijo...

Creo que tiene razón; no siempre, pero en esto sí. Y parece que a alguien en El Espectador se le olvidó corregir la línea que aparece repetida en los dos últimos párrafos "Decir que El Tiempo es santista es como descubrir el agua tibia".

¿Leíste la columna de Daniel Samper Pizano en El Tiempo?, es sobre el mismo tema.

Martín Franco dijo...

Hay dos cosas en las que tanto Abad como Samper Pizano están de acuerdo -y que es lo que, a mi juicio, constituye el mayor problema para el periódico-: los problemas de credibilidad que la decisión crea y el hecho de ver que los lectores, como quedó demostrado, no comen cuento. "Un periódico es lo que escoge ser, y la libertad de prensa consiste, incluso, en poder hacer un pésimo periódico con los peores vicios del periodismo. Los dueños de El Colombiano, que han venido echando a todos sus buenos periodistas y columnistas, lo están consiguiendo. Pero están en su derecho, faltaba más. Si El Tiempo quiere seguir la misma senda, y reemplazar a los buenos periodistas con amigos de José Obdulio, allá ellos. Sólo se exponen al desprestigio", dice Abad. Y Samper, muy sensato, escribe: "Sin embargo, esta casa debe reconocer que su credibilidad atraviesa un delicado bache. No basta con ser; hay que parecer. Enfrenta, por lo menos, un grave problema de percepción, que solo se remediará con periodismo sólido, profesional, implacable, independiente. Aguarda una delicada tarea de reparación de imagen". Interesantes ambas reflexiones.

Pablo R. Arango dijo...

La señora López, a mi juicio, está dando lora. ¿Qué es esa bobada de que El Tiempo es un patrimonio de los colombianos? Será de los accionistas. Ahí no hubo ningún atentado a la libertad de expresión: la columna fue publicada y luego ella echada. Es otro caso de un periódico malo expulsando a uno de sus tantos columnistas malos. No los pueden echar a todos, porque se quedan casi sin nada. Además, ¿quién no sabía ya que El Tiempo está vendido desde hace décadas?