otro adiós

Me pregunto cuántas veces podemos decepcionar a aquellas personas que alguna vez creyeron en nosotros. Tienen que ser muchas. Hoy, antes de partir, sentí un poco de nostalgia; pensé que quizás no había sido del todo justo. Es verdad: tal vez no lo he sido. Lo cierto es que no todo es malo. Me queda la certeza de haber conocido gente que recordaré: Antonio, más amigo que jefe; Andrea y Cristian Góngora, colombianos exiliados en estas tierras áridas. En la tarde volví a mirar esta ciudad y me encontré con cientos de cosas que no había visto y ya no veré.

En todo caso no pude dejar de pensar que este sentimiento de nostalgia es deleznable: al final queda la certeza de las horas vacías y del deseo de estar en otro lado. Un deseo que me empuja a empezar de nuevo, por tercera vez, en menos de un año.

Las despedidas son una mierda.

2 comentarios:

Terapia de piso dijo...

Y a veces uno termina dándose cuenta que también fue en algún momento muy mierda.

Un abrazo, Martín.

José Roberto Coppola

Rafael-León Ruiz Vindel dijo...

Las despedidas son una mierda, pero peor sería no poder hacerlo por no haberse conocido.

Abrazo parce.