Crónica de un desencanto

Se acabó. Tres meses después de Málaga empaco maletas y regreso. Una semana –la última– y vuelvo a la capital; mientras tanto, aguanto con estoicismo la monótona rutina de las ruedas de prensa, de los políticos echándose el agua sucia y del popular “canutazo”, que consiste en alargar la grabadora, como una falange más del brazo, hacia la boca del entrevistado de turno. Adelante, di lo que tengas que decir, que luego salimos todos a escribir los mismos titulares en las portadas.

Me voy decepcionado de este periodismo. Llámenme idealista, pendejo, o lo que sea, pero me niego a concebir esta profesión como una fábrica de salchichas. No deberíamos hacer producción en serie. No deberíamos asistir a esas ruedas de prensa como máquinas y luego llegar a escribir lo mismo. Es que ni siquiera es necesario. Piensen esto: uno llega a una sala de prensa donde se aglutinan los mismos de siempre; los que están ahí arriba –que también son los mismos de siempre–, dicen lo que tienen que decir –que es lo mismo de siempre– y luego el jefe de prensa nos pasa un comunicado por si algo no nos quedó claro. Pregunto: ¿por qué no nos ahorramos tanta güevonada y envían directamente el comunicado a la oficina? Así yo (agencia) lo copio para que el otro (redactor) lo copie y lo publique. La copia de la copia.

Me voy porque no quiero estancarme como los que veo ahí, día a día, igual que un funcionario en una notaría. Recién llegado traté de que las cosas fueran diferentes y me esforcé por preguntar en las ruedas de prensa, así apenas entendiera cómo es que funciona la política en Andalucía. Cualquier cosa. Los colegas me miraban raro por mi acento; seguro pensaban –no sin razón– qué carajos estaba haciendo un ‘sudaca’ en esa pequeña ciudad del sur de España. Pero ya me importa un carajo. Ahora, mientras espero que pasen estos días, soy uno más de los que alargan el brazo, de los que se quedan callados, de los que van por ir, de los que llegan y redactan, de los que ya aprendieron la fórmula y lo hacen todo casi sin pensar. Ésa es la verdad. Me convertí en uno más.

Salgo, pues, jodido con la ciudad. Pensé que la playa sería un consuelo, pero qué va: yo nunca he sido de costa y por eso mismo no la extraño. Un par de veces me fui con un libro y cervezas pero la cosa no es tan agradable como piensan; en realidad, por cuestiones de temperatura y comodidad, es mejor quedarse en la casa.

En fin, ya estuvo bien de quejas. Ya estuvo bien de Málaga. Una experiencia más antes de regresar a Colombia que me deja las mismas dudas que certezas. La duda que siempre estará sobre este oficio y la certeza de saber que no es esto lo que haré. Ni lo que ninguno de los colegas debería hacer. Pero, después de todo, ¿quién soy yo para juzgar? Qué cada cual se defienda como quiera. Eso sí: me gustaría saber qué pasará con la vida de mis compañeros de agencia en Málaga en, digamos, unos diez años. Me imagino que será como si el tiempo no hubiera pasado. Aunque quisiera pensar que me equivoco.

11 comentarios:

Camilo Jiménez dijo...

Triste confesión. Ruedas de prensa, como mucho dos llamadas telefónicas, googliada y wikipediada: en eso se convirtió el periodismo. Bien que zafés de eso, mano.

Rafael-León Ruiz Vindel dijo...

Parcero, llevas toda la razón...la proyección de futuro y los sueños de ambición no son compatibles con la agencia. Tampoco tardé mucho en darme cuenta.

CarolinaVK dijo...

Valiente decisión. Muchas veces uno se queda un tiempo innecesario en situaciones rídiculas solo porque espera verlas mejorar. Eso sí es idealismo, del que no sirve.

Me alegra que estés de vuelta. Esperaré por crónicas madrileñas.

La foto, pffff.

Esteban Dublín dijo...

Lo bueno a la larga, Martín, es que en diez años tal vez tus compañeros sigan igual, pero tú, independientemente del rumbo que hayas tomado, te vas a ver en algo distinto o, por lo menos, en algo más gratificante de lo que estabas haciendo en Málaga.

Martín Franco dijo...

Camilo: muy jodida la cosa. Tanto que, la verdad, me ha puesto a pensar seriemante en el sentido que está agarrando está profesión. ¿Pa' dónde vamos? Jodido. Rafa: estamos de acuerdo, hermanito. Carolina: creo que es lo mejor; veremos cómo es la cosa en la capital. Y Esteban: eso es cierto. En todo caso, en unos años averiguaré. Y te contaré, claro.

Agencia Pinocho dijo...

Amigo Martín, con esa decisión sólo demostrás que estás vivo y que así querés seguir. Como siempre, las puertas de A-Pin están abiertas para vos y los que a bien tengás proponer, gran pionero del A-pinismo transcontinetal! ¡Alegría y reportería de tennis!

Martín Franco dijo...

¡Pinochos! Lamento la ingratitud y el abandono en que tengo a la querida agencia (que, viéndolo bien, podríamos llamar "anti-agencia"), pero no crean que los he olvidado; al contrario, por ahí he visto todo lo que vienen creciendo. Ahora hay concurso con jurados de lujo y corresponsales en todas partes. ¡Qué bien! Prometo volver. Ténganme un poquito más de paciencia que ya estaré de regreso.

Agencia Pinocho dijo...

Fresco, Martín, que no hay afán de nada. Salvo, tal vez, para quitarse de encima los pesos muertos. Dura labor, ¡porque ah cantidad de pesos muertos los que cuelgan de las estanterías de periódicos de este globo terráqueo!
Por aquí estaremos, recibiendo esta brisa que sopla lejos de las redacciones... y el balcón es ancho.

kekel dijo...

Martín , gracias a vos veo que los periodistas , al igual que el hombre de ojalata, tienen (¿o querian?) un corazón.

Me pareces grosso (en mi país, es como decir: Sos lo más!!)
siento ese mea culpa, veo que es un sintoma que tienen a llegar a los trienta, los colombianos, los que piensan, eso de que al final, o en el nudo , todo da lo mismo, y existen algunos tipos que se creen el cuento del buen capitalista y nunca dudaron ni de un mago ...

se que debe ser díficil, y me parece triste...

yo tengo 25 y ya tengo esos hipos...

si es así, le mando un abrazo...

kekel dijo...

Martín , gracias a vos veo que los periodistas , al igual que el hombre de ojalata, tienen (¿o querian?) un corazón.

Me pareces grosso (en mi país, es como decir: Sos lo más!!)
siento ese mea culpa, veo que es un sintoma que tienen a llegar a los trienta, los colombianos, los que piensan, eso de que al final, o en el nudo , todo da lo mismo, y existen algunos tipos que se creen el cuento del buen capitalista y nunca dudaron ni de un mago ...

se que debe ser díficil, y me parece triste...

yo tengo 25 y ya tengo esos hipos...

si es así, le mando un abrazo...

Martín Franco dijo...

Hombe, Kekel, como diría Kapuscinski: "los cínicos no sirven para este oficio". Gracias por el abrazo, socio.