Irse

Eme es un colombiano que vive en Málaga hace casi tres años. En realidad no está aquí, sino en un pueblito que queda a poco más de una hora en tren. El lugar es muy agradable, con edificios modernos y una avenida junto a la playa llena de palmeras y bares “pijos”.

Eme se vino a vivir a España luego de una decepción amorosa y ahora trabaja con una compañía que, por el sueldo, le permite tener carro, moto, apartamento y darse ciertos lujos. No es lo que estudió, pero alguna vez me dijo que uno “estudia lo que quiere y trabaja en lo que puede”.

Cuando hablamos, mientras calmamos el calor con cerveza fría, Eme se pasa comparando la vida que tenía allá con la de acá. Dice que en Colombia uno no puede hacer tal cosa o que tal otra está mal vista, y que acá es diferente por equis o ye. Yo no le digo nada porque las comparaciones me parecen odiosas. En cualquier caso, creo que es un mal común de muchos emigrantes resaltar lo que allá les hacía falta para justificar que haberse ido no les resulta en vano. El problema es que siempre llevan a Colombia adentro, por mucho que hablen mal de ella.

En mi opinión España y Colombia no son mejor o peor la una de la otra. Sencillamente son diferentes, aunque haya muchas cosas –muchísimas, en realidad– que las unan. Creo que el meollo del asunto, y que Eme aún no ha entendido después de tres años, es que uno debe aprender a separar su vida en cada lugar. El problema es que el pasado es siempre una carga muy pesada.

2 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Y no sólo eso. Nosotros los seres humanos tenemos una extraña costumbre de criticar el presente. El pasado, sea como haya sido, siempre fue mejor. Así, en el futuro queremos algo distinto, pero cuando llega ese momento, volvemos al pasado.

Es un temita del que tengo un cuentito por ahí.

Abrazos, Martín.

Terapia de piso dijo...

Una carga que uno no termina de desempacar...

Saludos, Martín.

José Roberto Coppola