Feria


El que pone por escrito sus pensamientos, sus ensueños, sus sentimientos, los va consumiendo, los va matando. En cuanto un pensamiento nuestro queda fijado por la escritura, expresado, cristalizado queda ya muerto y no es más nuestro que será un día bajo tierra nuestro esqueleto.
Miguel de Unamuno


Empieza a oler a fiesta. Cada año, a mediados de agosto, se celebra la Feria de Málaga. Durante este mes todo está más muerto de lo usual: los políticos se van de vacaciones, las ruedas de prensa se disuelven, el trabajo se relaja. Todo menos el calor. En la entrada de la calle Larios, en pleno centro, han puesto una escultura de flores gigantes; colgadas de los faroles que se extienden a los costados de la vía hay macetas llenas de buganvillas.

Larios es el lugar más tradicional de Málaga: una calle llena de turistas con cámaras; de estatuas humanas –la forma más digna de desperdiciar la vida–; de reconocidos almacenes y restaurantes de paella. Si uno sigue hacia arriba llega al teatro Cervantes pero antes, por el camino, se topa con un par de librerías. Está una –Rayuela–, que siempre debo ver a través de los cristales porque nunca parece estar abierta; por esas mismas calles hay otra bastante acogedora que alguna vez visité pero que no he logrado volver a encontrar. Hace unos días estuve buscándola por las callecitas, tan parecidas todas, hasta que me rendí.

Parece que media España se está viniendo a esta ciudad; no hay cupos en buses, ni tren y mucho menos en avión. Dicen que las playas se llenan a reventar, lo mismo que el centro y los bares. En realidad, la feria no es muy diferente a lo que se ve allá: toros, caballos, fiesta y borrachos. Es como si nunca hubiera salido de Manizales, sólo que acá hay mar.

Que haya feria o no es igual: para mí Málaga sigue siendo una ciudad ajena. Tanto que ya ni siquiera me aburro.

3 comentarios:

Martín Franco dijo...

Qué bárbaro: en Manizales no es flamenco sino pasodoble, por aquello de la canción de la feria (¡Ay Manizaaaales del alma...!). Corregido el desliz.

Esteban Dublín dijo...

Jajajajajajaja. Ay, Martín. Mi hermano, aunque la anécdota es divertida, no dejes de poner fotos, así tal vez te veamos frente a los toros, borracho y, por qué no, malagueño.

Martín Franco dijo...

Seguro, viejo Esteban: un día de estos voy y me vuelvo una mica por allá a ver qué pasa. Pero las fotos... ahí vamos viendo.