veinte

He empezado a acostumbrarme; la batalla del 'todo es una mierda' comienza a pasar. Al final he optado por reírme. A nadie le importa ir más allá de la cordialidad, pero los entiendo: cada uno está en su pequeño mundo. Una de las chicas con las que vivo me dijo hace unos días que había tenido que buscar en Google dónde quedaba Colombia. La comprendo: la pobre no tiene tiempo de informarse porque se la pasa noche tras noche tomando pedidos en un bar. Supongo que pensará que somos una raza exótica que por allá, lejos, se moviliza en canoas. Tampoco hablo mucho con ella; apenas si la veo en la mañana, antes de que salga huyendo en su bicicleta. Hoy me dijo que no se me olvidara cerrar la llave del gas porque le daba miedo de que se expandiera por todo el apartamento y muriéramos asfixiados. Una muerte lenta y deliciosa. Me reí y se emputó. El problema es que, como soy el único que se baña todos los días, me poduce un tedio terrible tener que ir cada mañana a abrir el calentador. Y luego se me olvida cerrarlo. Entonces la chica se pone brava; pero yo no me cabreo porque se mete debajo de la ducha cada semana, así que deberíamos estar a mano.

En fin. Hay gente linda por acá; mujeres bronceadas, tipos que se gastan horas en el gimnasio. El sábado me fui a la playa con Onetti —es un error leer a ese cabrón si uno está menopáusico—, y media botella de aguardiente camuflada en un tarrito de agua. Al lado había una pareja joven y la chica no tenía puesta la parte de arriba del bikini. Mi mirada no podía concentrarse en el libro. Me dieron ganas de meterme en el mar pero me arrepentí; el Mediteráneo no es igual al Atlántico: la playa tiene piedras, el agua es helada. La ventaja, eso sí, es que no hay vendedores ambulantes que cada cinco minutos te joden con el masaje, la foto, las 'shakiras', los paseos en yate y cuánta mierda.

Poco a poco me habitúo a las ruedas de prensa. Ya no me parecen tan terribles; comienzo a conocer a los colegas. La mayoría son practicanes. Me encanta cuando me envían a cubrir algún tema político: aparte de que aún no entiendo cómo funcionan las cosas aquí, los malagueños hablan tan rápido, abriendo tan poco la boca, que termina la vaina y quedo en las mismas. Así que cuando me preguntan en la oficina que cómo me fue digo que bien, del putas, y luego no tengo mucho. O nada.

Supongo que todo hace parte de la historia. Creo que los momentos jodidos me van apropiando de esta ciudad; poco a poco voy construyendo lo que mañana será un recuerdo. Así que me río. Y claro: lo acompaño con mucha cerveza Cruzcampo.

15 comentarios:

CarolinaVK dijo...

Cada vez es más difícil, ¿no? Eso de encontrar algo en común con alguien.

Ni siquiera hacer amigos, porque eso sí que se complica con la vida. Me refiero a ese momentico en que alguien como que le sugiere a uno que es chévere que uno esté ahí, por un minutico, en su vida.

Esteban Dublín dijo...

Ah, qué chimba, hombre.

Martín Franco dijo...

Cada vez más jodido, Carolina. Y más cuando no dejás de ser extranjero.

Carlos Augusto Jaramillo dijo...

Tenaz. ¿Cómo es eso de esconder el arguardiente en una botella de agua? Lo peor es eso de encajar. Entiendo tu soledad, aunque no esté en esas lejanías. Por acá también uno se pone menopáusico.

Abrazos, viejo Martín.

Terapia de piso dijo...

Lo mejor de tus textos es cuando hablas de tus propias historias.

Te dejo un abrazo, Martín

José Roberto Coppola

Jorge Sánchez dijo...

Yo intenté leerme un cuento de Onetti en el avión de regreso a Bogotá después de un arduo día de trabajo en Cali (con polas incluidas), y fue bastante doloroso. Me lagrimearon los ojos y todo. A ese cabrón hay que leerlo en la paz del cuarto, y ojalá con una copa de vino.

Angry Girl dijo...

leer con aguardiente y en la playa? que mareo, nunca he podido leer con el sol encima

es que nostros los colombianos somos muy amigueros, creo que alla al otro lado dejaron de creer en eso de miles de amigos hace raaaato, y yo aca tambien deje de creer

CarolinaVK dijo...

¿Será que eventualmente uno deja de ser extranjero?

Martín Franco dijo...

Yo no sé, Carolina. Tal vez sí o tal vez no. Ni idea. Me quedé pensando el fin de semana en la frase que pusiste y creo que tienes mucha razón: cada vez es más difícil encontrar algo en común con alguien. Mucho más jodido.

Carlos Augusto Jaramillo dijo...

Don Martín, ya arreglé los problemas del blog, así que no deje de escribir que me hace faltica el ánimo de los amigos, o las críticas que también acepto con la esperanza de encontrármelos un día y solucionar los problemas como lo hacía Hemingway.

Martín Franco dijo...

Jua jua jua... vale, lo arreglamos a lo Hemingway, pero antes hacemos lo que más le gustaba al viejo: beber sin mediocridad. Abrazo, compañero.

CarolinaVK dijo...

Pues yo también me quedé pensando y esto fue lo que pasó.

Martín Franco dijo...

¿Qué pasó? No abre la página, Carolina.

CarolinaVK dijo...

No era por crear suspenso, jeje.

http://titulotemporal.blogspot.com/2009/07/aca-y-alla-y-los-beneficios-del-verano.html

Mejor así.

yacasinosoynadie dijo...

me gusta el tono que le puso a este texto Martín... se siente personal y agarra... Y bueno cuando no encajas lo mejor es emborracharte hasta el cocote... Un abrazo hombre...