Es lo que hay

Llevo dos semanas en Málaga y una trabajando en la delegación de la agencia EFE. A veces me pregunto qué diablos estoy haciendo aquí. Cuando nos pusieron a escoger en qué ciudad de España queríamos hacer las prácticas, entré a la oficina de la delegada sin saber a dónde iría. Sólo sabía que tenía ganas de abandonar Madrid; que, aunque me encantaría volver una y mil veces a la capital, ocho meses habían sido suficientes. Sentía que el ciclo se había cumplido y la idea de comenzar otra vez no dejaba de atraerme. Pero cuando me senté detrás del escritorio no tenía ni la más mínima idea de lo que iba a pasar conmigo.

Fue ella la que me sugirió Málaga. Me convenció con dos o tres frases formales y yo, que no sabía mucho de la ciudad, acepté. Rápido y sencillo. Salí de allí con la única certeza de que me iría a un lugar distinto, nada más. Mientras los días en Madrid se agotaban me resistía a averiguar datos sobre la nueva ciudad; siempre he creído que es mejor hacerse una idea y luego llegar a descubrir lo equivocado que uno anda. Y en efecto, así sucedió. Aún hoy no estoy seguro de lo que me produce esta pequeña ciudad de playas y palmeras, pero supongo que es cuestión de tiempo.

Suena a lugar común, pero el tiempo es la única manera de poder empezar a sentir algo como propio. Mañana cumplo una semana en la que será mi casa durante lo que me resta en este país y aún no puedo decir que la cama en que duermo o el cuarto en el que me quedo sean míos. Al principio uno entra a invadir un espacio, a romper una rutina establecida, a alterar un orden. Y lo único que resta es esperar.

A veces ni siquiera sé para qué escribo estas cosas en el blog; otras ni para qué sirve tener uno. Unas más pienso que la cosa va muy en serio y que debería haber otro tono en las entradas, pero luego me doy cuenta de que, como dicen acá para justificarse, “es lo que hay”.

En realidad la respuesta a esas preguntas –que vuelven una y otra vez sobre este espacio–, me la dio hace poco Juan Gabriel Vásquez, en una entrevista que navegando por ahí vi en el blog (¿casualidad?) que tiene Mauricio Becerra en la revista Cambio. Dice Vásquez que “uno no escribe sobre lo que sabe: escribe para saber, para averiguar. No escribe para explicar sus opiniones, sino para descubrirlas”.

Para eso sirve escribir aquí, allá o donde sea. Para descubrir y descubrirse. Aunque la verdad no entiendo por qué terminé hablando de esto cuando empecé con otra cosa. ¿Quién dice que no es raro esto de escribir?

6 comentarios:

Terapia de piso dijo...

A veces queremos vivir el lujo de tener la pereza suficiente para dejar todos en manos de otro. Quien quiera que sea ese otro. No importa.

Te dejo un saludo.

José Roberto Coppola

Manuel Dueñas dijo...

Rarísimo y adictivo, Martín. Me gusta bastante que escribas las experiencias en el blog. Al fin y al cabo, es un diario casual.

Y sí, eso que dice Vásquez es bastante cierto: uno escribe para descubrir, para contradecirse, para llegar a otro lado.

En fin. Esa gracia que a veces sólo encuentro escuchando jazz.

Apelaez dijo...

¿Y cuales eran las alternativas a Málaga? Muy maluca esa ciudad o que?

Martín Franco dijo...

No he dicho que sea maluca. Málaga es agradable: tranquila y apacible como una ciudad mediana en cualquier parte. Y con playa. Lo que pasa es que el cambio y el arrancar de cero requieren de tiempo. Alternativas había, pero el bolsillo exigía algo más económico que Madrid. Y así fue como terminé acá.

Anónimo dijo...

No podias seguir viviendo a lo niño rico hp!

Extranjera dijo...

Es rarisimo y maravilloso. A veces fastidia, duele, atormenta pero lo cierto es que en medio de eso empieza a gustarte y descubres un dia que no lo puedes dejar de hacer. Que fino tu experiencia del master y yo digo que disfrutes bien Malaga y en el tiempo libre ta vayas a la playa. Uy sabrosisimo. saludos