Esta tarde di el último paseo por el parque del Retiro. Caminé por los senderos rodeados de árboles que desembocan en plazas adornadas con estatuas de reyes a caballo. Al final llegué hasta el lago y me quedé viendo las parejitas que toman los botes y reman. Estuve mucho rato mirando el agua, sintiendo el sol en el rostro. Vi las balsitas que pasaban frente a mí, casi siempre él remando y ella al frente. Conversaban, reían, parecían contentos. Sentí envidia y pensé que estaba infinitamente solo. Las parejitas no me miraron, ni tampoco me vieron las que pasaron a mi lado cuando hice el camino de vuelta. Mañana estaré lejos.
Adiós, Madrid.
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