Nadie es eterno...

Un amigo de vieja data sufrió la más curiosa transformación cuando, hace cerca de dos años, asistió por primera vez al festival del Mono Núñez en Ginebra, Valle: no sólo empezó a amar el folclor colombiano con fervor, sino que, por algún motivo, comenzó a avergonzarse de la música de carrilera y arrancó una cruzada contra ella que no ha parado. Ahora es común ver cómo rescata en el Facebook, mediante videos, los más variados grupos de pasillos, bambucos o guabinas, y escribe mensajes incitando a una cruzada en contra de los herejes que cantan las tonadas de mal gusto que antes le encantaban.

No tengo nada en contra de su creciente afición por la música colombiana; al contrario, me parece muy bien que se dedique a explorar con pasión arqueológica esos ritmos que todos conocemos pero que pocos escuchan con verdadera devoción. Lo que me parece curioso es que se haya tomado tan a pecho la batalla contra la música popular, si antes era común que ambos nos dobláramos en la mesa de cualquier cantina a punta de aguardiente y Darío Gómez.

Quisiera pensar que su mal no es el mismo de muchos, que miran la música popular por encima del hombro y tildan de montañeros a quienes la escuchan. Si ahora se avergüenza por haber escuchado alguna vez las canciones de Julio Jaramillo o El Charrito Negro, lo incitaría a que explique por qué, como dijo en su último dardo del cara libro, este ritmo “atenta contra la identidad nacional”.

Puede que la música popular no sea la más elaborada ni los cantantes tengan la misma formación previa que los virtuosos del Mono Núñez –Jhonny Rivera, que es todo un ídolo en el Eje Cafetero y Antioquia, era recolector de café–, pero algo debe haber para que a la gente le guste tanto. ¿Que la desprecian los intelectuales y los melómanos consumados? ¡Y qué! En últimas a la gente eso le importa un pito.

No puedo terminar sin escribir que me declaro consumidor, defensor y amante de la música popular. Confieso sin pudor que una de las cosas que más extraño son las fondas de Manizales o Villamaría, cuando tomaba con usted, mi querido amigo, y cantábamos despechados las canciones de esa larga lista de infames que hoy desprecia. ¡Y ni hablemos de la arriería en Ferias!

22 comentarios:

Jorge Sánchez dijo...

La última vez que estuve en las ferias de Villamaría pasé un domingo por la mañana por el parque central y, efectivamente, vi en varias fondas a tipos completamente doblados en sus sillas, con botellas semivacías todavía en las mesas. Me imagino que de vez en cuando abrían un ojo y se tomaban un traguito. ¿Cuántos días y noches llevaban dándole al asunto? Eso se llama perseverancia.

Esteban Dublín dijo...

A mí el asunto me divierte enormemente. No es sino que una persona me diga que odia la carrilera, para que yo empiece a cantar a grito herido y sacarlo de quicio. Lo curioso, mi querido Martín, es que una vez empiezo con la tonada, el grupo de personas que están a mi lado me miran extrañados con la particularidad de que mientras me miran por encima del hombro, sesean la canción. Todos se la saben.

Pelusa dijo...

Primero que todo es para mi un placer y lo veo con alegría que me hallas dedicado un articulo.

Por lo de el tema de mi rechazo a la música popular si me gustaría hacer uas precisiones que considero pertinentes, Primero: Julio Jaramillo no interpretó música popular, él interpretó boleros, y lo segundo el problema de la música piopular es que no expresa nada nuevo, solo canciones musicalmente pésimas y vocalmente vergonzosas que hablan del desamor y el amor de vez en cuando, y se dice llamar género musical cuando solo tiene un tema que tratar. Y he sufrido una transformación por que he escuchado música compuesta por capesinos (como lo es su amado Jhony Rivera) pero con la diferencia que ellos si tenían talento. Por último, cantar no es para todos, la música es un arte y hay que saberlo hacer.

maggie mae dijo...

Para mi la música "popular" era algo que oía en buses y que no tenía nada que ver conmigo, desde que tengo este Novio, que además sabe más de música clásica que muchos conocedores, me ha empezado a gustar.
La música no es sólo para los talentosos o los prodigios, es una muestra de lo que la gente siente y poco importan si son guitarristas virtuosos o pavarottis.
Lo mismo pasa con el punk: no eran virtuosos, en realidad eran (son) malos (sid vicious a duras penas tocaba bajo mejor que un primate, simonon el de the clash empezó sin saber tocar, y así hay millones de ejemplos) pero las reacciones que provocan en la gente son otra cosa.
Yo, personalmente, no soporto ni los sanjuaneros, ni las guabinas y ni hablar de un vallenato (de los viejos o de los nuevos) o las piquerías. Y conozco muchos cantantes de música tradicional colombiana que son desafinados, algunos que tocan mal pero sienten pasión por eso. Hay de todo, mijo.
La música es un arte, pero también es una expresión cultural que no tiene que estar mediada por el vistuosismo y la verdad no creo que se necesite ser un teso en algún instrumento para decir con musiquita lo que uno siente.

Martín Franco dijo...

Jorge, el ilustre Pablo Arango tiene una anécdota buenísima de su tío Echandía con eso de beber reclinao en la mesa. No sé si la haya escrito, pero si se pasa por acá bacano que la compartiera. Ah, por cierto, Maggie: con ese bellaco de novio sí que vas a aprender. Qué buena cosa. Y de acuerdo: hay muchos no virtuosos amados por las masas (¿serán mayoría?) Esteban, es así: para muchos es un placer silencioso y molesto; de esos que es mejor no decir muy duro. Y pelusa, pelusita: qué bueno que llegaste. Lo primero es que, entre las miles de canciones que grabó Julio Jaramillo, hay mucho más que bolero. ¿O es que Reminiscencias, ésa que tan bien te sabes, te suena a ese género? Lo segundo es que tampoco creo que la música colombiana exprese nada nuevo; ni siquiera el rock, la balada o la que quieras. Los temas generalmente giran alrededor de lo mismo, en música, en cine o en literatura. Y una curiosidad final, para que sigamos en esta charla sabrosa, ¿por qué los campesinos de la música colombiana sí tienen talento y los de la popular no?

Pelusa dijo...

Esto se puso bueno mi querido amigo...Es que son como se expresan esos sentimientos, al escuchar algunos de los bambucos escritos en la época de violnecia partidista en Colombia, se pueden encontar visones campesinas a favor o en contra de la violencia, y para no hablar de la música colombiana contemporanea, que expresa muchas más cosas, pero la música popular no dice absolutamente nad acerca de lo que pasa en el campo colombiano, esa es mi molestia, porque un país donde el campesino sufre quizás más que hace 50 años, no diga nada sobre lo que siente más allá del amor o el desamor.

maggie mae dijo...

no creo que la música tenga que ser reflejo de las momentos aciagos que vive (vivió y parece que vivirá) el país y los que vivimos en el.
Las canciones populares hablan de costumbres que yo, por lo menos, no conocía. Hay una canción del horrendo galy galiano (¿está bien escrito?) que dice "y me bebí tu recuerdo...", en los pueblos cuando el muchacho termina con la chica, rompe la foto de la chica, la echa en el guaro y se bebe la foto y el guaro (quien sabe como será el guayabo con los químicos de una foto, pero bueh), y así se bebe el recuerdo. Puede que Novio se haya inventado esa historia, pero a mi me parece preciosa.

Apelaez dijo...

A pelusa, al parecer, le gusta la musica de virtuosos que narran la historia de su tierra. Tal vez le podría gustar el metal sinfónico y esas chimbadas que narran las gestas vikingas, son virtuosos y narran historias.

Se pierde de mucho el señor pelusa con esa actitud tan sectaria.

Martín Franco dijo...

Decir que la música popular debe reflejar la situación del país es ponerse muy serio. Además, qué jartera: se volvería una especie de Silvio Rodríguez y su combo que, en mi opinión, son inmamables. A propósito de Galy Galiano, Maggie, hay una crónica buenísima que escribió Andrés Felipe Solano en SoHo sobre una gira con el hombre. Y la actitud sí es sectaria, Peláez, pero yo espero que el hombre reflexione cuando vuelva y nos echemos un aguardientico en donde él ya sabe. Claro: oyendo carrilera...

Esteban Dublín dijo...

La música popular sí habla de la situación del país, pero no de un modo político. Sino de un modo social, expresa lo que pasa en nuestros pueblos de una manera desgarrada y real: del despecho, del amor no correspondido, de las sensaciones más primarias del ser humano. Por eso, precisamente, se llama música popular, porque habla del pueblo, de lo que siente y de lo que vive. Así, tal cual, sin adornos poéticos ni construcciones líricas elaboradas.

Pelusa dijo...

¿Lo único que vive una persona es amor y desamor? me parece algo reduccionista, además me parece que mi posición no es sectárea porque no solo escucho música colombiana, tengo un gusto musical más amplio, simplemente soy crítico frente a algo que creo que ha tomado unas dimensiones algo peligrosas cuando niños de dos y tres años escuchan y cantan esta música que claramente no es para ellos, además si no fuera crítico podría decir que los libros de auto superación que son tan vagamente elaborados, y sin criterios literarios, son una maravilla por que tienen una cantidad de lectores impresionante y por eso son buenos, además porque "todos necesitamos que nos digan que hacer" sería utilizar el mismo criterio que algunos de mis amigos utilizan frente a mis críticas a la música popular, y para finalizar, frente a tomar aguardiente bien sabes mi querido Martín que sienpre estaré dispuesto a hacerlo escuchando rancheras mexicanas que tanto nos gustan y a Julito Jaramillo que no cantaba música popular sino boleros y valses, y pues si toca nos escucahamos una que otra de tus amados, todo sea por tan justa causa.

Jose F dijo...

No me gusta, amigo Franco, tu argumento:
"... pero algo debe haber para que a la gente le guste tanto. ¿Que la desprecian los intelectuales y los melómanos consumados? ¡Y qué!"
Del mismo modo, entonces, los bestsellers.
Tal vez este texto, referido eso sí al tango, ayude en algo:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5307-2009-05-19.html

Lucaz dijo...

Todos tenemos gustos "culposos" y por más que las evitemos, esas canciones "populares" nos las sabemos de memoria. Lo que si suena a facilismo y a oportunismo medio arribista es pretender que esas expresiones de amor, desamor, incertidumbre (incluso política) o de euforia digan más de lo que dicen y que incluso se puedan convertir en cátedra universitaria de filosofía u otra disciplina, como pretende hacer un lagarto senador costeño con los vallenatos de Escalona.

Martín Franco dijo...

Voy a tratar de explicarlo mejor, doctor Calle. Quizás el fragmento que cita ahí suena un tanto flojo, lo reconozco; pero también tenga en cuenta que un poco más arriba acepto que muchos de los intérpretes de música popular no son precisamente virtuosos. Digo que la música "algo ha de tener" porque, como leí hace poco que alguna vez dijo Cervantes, "no hay un libro tan malo que no tenga algo bueno". En este caso hablaríamos de géneros musicales, pero ya que tocamos el tema de los Bestsellers, pues metamos la cucharada. Sigo pensando que no hay que descalificar al Bestseller por el simple hecho de llevar ese rótulo; de hecho, leía hace poco en un blog vecino una recomendación del libro "Los hombres que no amaban a las mujeres", de Stieg Larsson, hecha con ahínco por un buen lector. Pero, ¿es un libro técnicamente malo por el hecho de vender? Sucede con frecuencia, pero no es una condición. Volviendo al tema: puede que Pelusa tenga razón cuando dice que musicalmente hablando existen géneros mejores, pero tampoco es válido descalificarla porque no hable de la violencia o porque sus músicos no estén preparados. En todo caso gracias por el comentario, doctor Calle; creo que da para que sigamos charlando. Y ahora sí, paso a leer el vínculo.

maggie mae dijo...

que los niños canten esas canciones es culpa de los papás o de las empleadas del servicio. Cuando éramos chiquitos las emisoras solo pasaban música romántica y vallenatos (o por lo menos eso oía la señora que trabajaba en mi casa), pero mi mamá es pianista clásica y mi papá historiador (y comunista, o sea: mucho mucho silvio milanés y su combo) y las cosas que se oían en mi casa eran diferentes.
Y no todas las canciones son amor y desamor, ¿o sí? Preguntémosle a Pablo Arango.

Martín Franco dijo...

¡Qué aparezca ese bellaco!

maggie mae dijo...

como dicen los gringos "I won't hold my breath".

yacasinosoynadie dijo...

cuestio de gustos amigo Franco... a mi ni la musica popular ni Silvio Rodriguez, pero habrá quienes te crucifiquen por meterte por
Silvio... que le vamos a hacer... a mi que me pongan una de los Stones y todo esta bien...

Pablo R. Arango dijo...

Al parecer, me tocó terciar: versos como los de "Viejo Juguete" del grandísimo Caballero Gaucho condensan un sentimentalismo, una actitud melodramática inevitable para la condición humana, que logran la brevedad, el romanticismo y la concisión que no alcanzaron ni Dickens con su "Cuento de navidad" ni John Cheever con su "La navidad es una cosa triste para los pobres". He dicho.

Martín Franco dijo...

Pablo: sos un tibio.

Pablo R. Arango dijo...

Quizá el aspecto más rescatable de eso que llaman "música colombiana" (las guabinas, los bambucos, la música de cuerda del centro montañoso del país, porque el mapalé y la música llanera son muy distintos), sea precisamente haberle heredado las cuerdas (sobre todo guitarra) a la música popular o de carrilera. De resto, hay muy poco que valga la pena en ese sonsonete agudo, delgadito, repetitivo, sentimental hasta el fastidio, romanticón y afeminado (que requiere incluso voces medio amaneradas). La música de carrilera, en cambio, tiene una rara virilidad, que incluso se expresa en esas voces femeninas y chillonas que están en sus raíces (recomendados a este respecto: Las hermanitas Calle y las hermanitas Padilla o Carmencita Lara). Lo de hoy, Johny Rivera, por ejemplo, es simplemente basura. ¿Quiere más, mijo; algunas recomendaciones? Diga no más.

Martín Franco dijo...

Mi estimado Pablo: usté manda, patrón.