Apuntes de un viaje

La tierra de España es árida. El verde no aparece mucho, ni siquiera por esta época en que los árboles deberían estar llenos de hojas. Quizá por eso al viajar dentro de este país uno se da cuenta de que el otro lado del atlántico tiene algo que acá hace falta: vida. Durante esta semana de trenes, mientras avanzaba hacia el norte adentrándome en el País Vasco y días más tarde en Cataluña, vi lo distinto que es el campo en la península. Llanuras secas adornadas por enormes molinos de viento y pueblos en medio de la nada llenos de casas derruidas que dan la sensación de estar viviendo en otra época.

Me gusta viajar por carretera y mirar la tierra que va quedando atrás en la ventana. Además de evitar el avión –cada día es más jodido estar en un aeropuerto–, uno puede ver cómo cambian la gente y los paisajes. No sé por qué, pero siempre que voy a salir de viaje me asalta la idea de estar empezando de nuevo. Y me gusta. En realidad me produce cierto vértigo el hecho de dejar atrás la vida que llevo, así sea sólo por unos días, y también esa sensación de incertidumbre, de no saber con qué me toparé cuando baje las escaleras.

Por pura casualidad me acompañó durante el viaje el libro que escribió Cesare Pavese antes de quitarse la vida: La luna y las hogueras. La novela narra la historia de un hombre que sale de su pueblo en busca de un mejor futuro y luego regresa, años después, tan sólo para constatar que no queda nada de lo que alguna vez dejó. Dice Pavese que “vivir en muchos lugares significa vivir en ninguna parte”, y que “uno necesita un pueblo aunque no sea más que por la satisfacción de poder marcharse de él”. El problema de salir, de vivir en un lugar durante cierto tiempo, es que nadie se puede quitar luego la nostalgia del sitio que dejó. Cualquiera que sea.

Justo en eso pensaba anoche, cuando regresaba y veía pasar esos pueblos desolados por la ventana. Y en eso pienso ahora, apenas unos meses antes de que todo empiece de cero, sólo para constatar otra vez que es un sentimiento grato. Qué le vamos a hacer.

6 comentarios:

Extranjera dijo...

Me encanto porque conozco perfectamente la sensacion. Y si, Espana es Arida. Abrazos y disfruta el resto de tu estadia por alla, que luego lo vas a extranar.

yacasinosoynadie dijo...

“Me gusta viajar por carretera y mirar la tierra que va quedando atrás en la ventana. Además de evitar el avión –cada día es más jodido estar en un aeropuerto–, uno puede ver cómo cambian la gente y los paisajes. No sé por qué, pero siempre que voy a salir de viaje me asalta la idea de estar empezando de nuevo.”

Ese fragmento, querido Martín, me recordó el comienzo de Ebano del gran Kapuściński:

"Tiempo ha cuando los hombres atravesaban el mundo a pie o a caballos o en naves, el viaje los iba acostumbrando a los cambios. Las imágenes de la tierra se desplazaban despacio ante sus ojos, el escenario del mundo apenas giraba. El viaje duraba semanas, meses. El hombre tenía tiempo para familiarizarse con ambientes diferentes, con nuevos paisajes. El clima cambiaba gradualmente, poco a poco. Antes de que el viajero de la fría Europa alcanzase el ardiente ecuador, ya había experimentado la temperatura agradable de Las Palmas, el calor de El-Mahara y el infierno de Cabo Verde... ¡Hoy no queda nada de aquellas gradaciones! El avión nos arrebata violentamente del frío glacial y de la nieve para lanzarnos, el mismo día, al abismo candente del trópico. De pronto, cuando apenas nos hemos restregado los ojos, nos hallamos en el centro de un infierno húmedo."

Yo también adoro viajar por tierra... Que lindo texto, tiene una nostalgia extraña. Un abrazo y buen viaje.

Ricardo dijo...

No he tenido la fortuna de leer a Pavese. Sin embargo creo que el que vive en muchos lugares vive en todas partes, vive en uno mismo.
Por el post de abajo,uhhh, en El Salvador tenemos mucho de esa clase de periodistas.
Saludos.

Martín Franco dijo...

Extranjera, así es: “luego lo vamos a extrañar”. Tú más que nadie lo sabe. Yacasi: gracias, compañero, pero la comparación me parece exagerada. Un abrazo. Ricardo: éntrele a Pavese, no se arrepentirá. Saludos por El Salvador.

Terapia de piso dijo...

Y como dijo un periodista al que entreviste hace muy poco y que es un gran viajero: "En un viaje al final quien decide cambiar es uno porque cuando regresas todo sigue igual".

Saludos, Martín.

José Roberto Coppola

Esteban Dublín dijo...

Se me ocurre un cuento.