Uribito y los periódicos

Ahora que tanto se habla de ‘arias’ Uribito, no puedo olvidarme de una anécdota periodística que hoy, algún tiempo después, me parece hasta graciosa. Y lo digo porque todos sabemos lo agradable que es que Andrés Felipe. ¿O no?

Resulta que pocos meses antes de perder mi trabajo en una revista de farándula, la directora me mandó a entrevistar a este súper ex ministro. Eran los días previos a su matrimonio con una cachaquita de sonrisa grande. Como por esa época la cabeza de la revista empezaba a cogerme bronca, me hizo madrugar el sábado a la casa del ahora candidato presidencial. Así que ahí estaba yo: en la 119 con 19 (más o menos, no recuerdo bien), viendo a su futura esposa arreglarse, a su jefe de prensa hablándome de cualquier cosa con falsa simpatía y esperando a que el hombre llegara. Faltaban quince días para el matrimonio y la revista sería el único medio que tendría la primicia de la boda del mesías. Debía ser cuidadoso.

Uribito llegó una hora después, luego de que su novia se hubiera probado varios de los vestidos con los que iba a salir en la revista. Su jefe de prensa se mostró diligente y servil. Arias entró acelerado, me dio la mano sin verme, y se comió un desayuno de frutas. Yo tenía apuntada en el cuaderno una de esas entrevistas ping-pong llena de preguntas banales sobre su futura vida de casados.

Fue una charla rápida y limpia. Le hice las preguntas con la misma falsa simpatía que aprendí de sus funcionarios y cuando terminé huí despavorido. El lunes, cuando regresé a la oficina, recibí una llamada del jefe de prensa diciéndome que debíamos cambiar una de ellas; que la respuesta de Arias no podía salir así. Estaba agitado y nervioso.

Miré la pregunta; en realidad, no me parecía tan grave: “¿Qué es lo primero que harán cuando se casen?”, decía. Y la respuesta –que me la dio Uribito, no su esposa–, era sincera: “cancelar todas las suscripciones a los periódicos y revistas”. Si eso era lo que de verdad quería, ¿por qué tendría que cambiarla? Claro: hay que cuidar la imagen. Le dije entonces que me diera la nueva respuesta, pero me respondió que debía esperar a que Arias se la pasara. Le recordé que debía apurarse, pues la revista entraba a impresión en la mañana del otro día. Me aseguró que en cuestión de horas la tendría en el correo.

Como a la mañana siguiente aún no había recibido respuesta, volví a mirar la entrevista y vi que la pregunta estaba ahí. Podía quitarla para que nadie lo supiera y todos tan contentos, pero por alguna razón no lo hice. Dejé que se fuera así y no dije nada. El cierre terminó y en la tarde me escribió el jefe de prensa, aún agitado y nervioso, diciendo que ya la tenía. Le dije que era tarde y casi se vuelve loco; llamó de inmediato a la directora, quien aprovechó para darme unas lecciones de periodismo de manera no muy cordial, y trató de restarle importancia al asunto.

Pero no se pudo hacer nada y así salió: en alguna edición de esa revista Uribito dice que la primera cosa que haría después de casado sería cancelar los periódicos. En realidad no sé por qué le molestó tanto la pregunta; quizás porque a veces los medios, que tanto difaman y son los culpables de todo, no le hacen justicia a su imagen de redentor. Aunque a juzgar por toda la prensa que ha mojado últimamente, no creo que haya cancelado las suscripciones. Después de todo, parece que no le molesta tanto ver su imagen en los periódicos, y menos ahora que es el candidato oficial del furibismo.

5 comentarios:

Terapia de piso dijo...

Esos momentos de pensar en la autocensura los hemos tenido todos. Pero no te dejaste vencer por ella.

Saludos.

José Roberto Coppola

Jorge Sánchez dijo...

¡Ah, el inevitable tema político! Inevitable cuando la dictadura se hace demasiado evidente.

Ese Uribito debe tener algo especial, ya que me cae incluso peor que Uribe.

PADRE RESPONSABLE dijo...

"...por alguna razón no lo hice, dejé que se fuera así y no dije nada", dijo un tipo cuando un chancho le rogaba a gritos que soltara ese puñal. Otro amigo dice que Uibito le da tanto pesar que le encantaría jugar fútbol con él pa' mandarlo a reposo con una tijereta voladora... Y no falta la amiga que dice que lo llevaría a la cama. Claro, todos los hombres con los que ha estado se están quedando calvos, tienen poder, y tratan a la gente como un derriere. Si hay partido les aviso...

Martín Franco dijo...

Yo juego...

yacasinosoynadie dijo...

a mi me pasó una parecida con un escritor que aseguró que su influencias literarias más fuertes era García Marquez... Luego fue muy tarde para arrepentimientos y asi se fue el asunto para impresión. El escritor terminó siendo amigo del director de la revista y casi me hechan... nunca entendí donde estaba el problema.