Lejos de Rumania

Cuando pasé el primer control policial, donde un funcionario apático le puso el sello de salida a mi pasaporte, me sentí casi al otro lado. Eran las cinco de la mañana, el cielo seguía oscuro, y unos cuantos viajeros perdían el tiempo en esas salas de espera enormes e impersonales del aeropuerto de Barajas. Afuera se veía el avión. En pocas horas, si todo salía bien, llegaríamos a Bucarest, la capital de Rumania –o Rumanía, con tilde–, la llamada “París del Este”.

Pero, como dije, “si todo salía bien”.

Antes de la hora indicada un empleado de la aerolínea llamó a los pasajeros a abordar. Uno cree que el desorden y la empujadera son bienes exclusivos del tercer mundo, pero qué va: aquí es peor. Se forma un despelote tremendo y toca empezar a meterse, abriendo un poco los codos, hasta llegar a la mejor parte: enseñar el pasaporte. Y en ese punto estaba, entre somnoliento y ansioso, justo después de que un amigo mexicano pasara el control sin problemas. Atrás, la gente seguía abriéndose espacio. Mis compañeros de viaje (resultamos diez, al final), esperaban con pasaporte y tiquete en mano.

Mostré el documento. El hombre vio “República de Colombia” en la parte frontal, contrastó con la ‘cédula’ de extranjería que me acredita como estudiante y dijo señalando el mostrador: ‹‹espéreme ahí un momentico, por favor››. Hice caso. Los compañeros españoles me preguntaban, mediante gestos, qué pasaba. Yo no sabía, pero empezaba a intuirlo. Una amiga dominicana, que estaba próxima a llegar al punto de control, salvó la situación con humor: ‹‹no te preocupes –me dijo–. Espérame que ya te acompaño››.

Así fue. Cuando mostró su pasaporte, el hombre le dijo lo mismo y la mandó a mi lado. Y también a una compañera peruana, que tenía planeado celebrar con nosotros su cumpleaños al día siguiente en Brasov. Los tres esperamos hasta que se embarcó el último pasajero, hasta que nuestros compañeros se habían subido y nos timbraban al celular desde el avión, y hasta que el tipo de la puerta nos explicó la razón por la que no podíamos viajar, la prueba más obvia de que no llegaríamos a ese país, un motivo que yo había adivinado minutos antes y que más de uno seguro ya sabrá: necesitábamos visa.

Qué pendejo, dirán algunos. ¡Sabiendo que es colombiano! Y sí: pecamos por exceso de confianza. Nos relajamos al saber que Rumania hace parte de la Comunidad Europea y creímos que, como dicen, uno así puede viajar tranquilo. Pero no: resulta que los países de este lado miran aún con recelo a sus vecinos del Este y siguen poniéndoles una cantidad de trabas para entrar a la unión. Entonces, como no es tan libre, Rumania pone sus condiciones. Y como Colombia tiene ese estigma tan grande, esa imagen indeleble, pues ¡pum!: visa.

Sé que la culpa es mía por no haberme fijado (qué pendejo, seguirán diciendo algunos), pero me jode sentirme tratado como ciudadano de segunda por culpa de un papel. Y lo digo porque no es la primera vez; en diciembre, cuando iba de París a Estrasburgo, me sucedió algo similar: la persona con quien viajaba pasó sin problema el control de seguridad pero cuando mostré mi pasaporte colombiano un tipo me dijo que abriera la maleta. Le revisó enterita, metiendo una especie de detector por entre la ropa, y hasta me abrió la bolsita del aseo, como si allí fuera encontrar quién sabe qué cosa. Una pendejada, lo sé, pero que me hizo sentir como un delincuente.

Ahí, pues, terminó el paseo: a las seis de la mañana, en el aeropuerto de Barajas, mientras el avión despegaba con el resto del grupo a bordo. Quedamos con las maletas hechas y no tuvimos más opción que devolvernos. Claro que a esa hora, con esas ganas de viajar y con Bucarest aún en la cabeza, lo peor que podíamos hacer era regresar a casa. Así que nos fuimos a Atocha y compramos el primer tiquete de tren a Valencia, donde este fin de semana hicieron las populares fiestas de las ‘fallas’. Pero eso no lo voy a contar porque ya sería una historia muy larga y, después de todo, ¿a quién carajos le interesa?


12 comentarios:

Jose F dijo...

"...y, después de todo, ¿a quién carajos le interesa?"
Un maestro zen diría que has conseguido la iluminación.

Extranjera dijo...

Ay Martin me dio una ternura tu relato. Eso por un lado y por otro mucha rabia. Yo soy de Venezuela asi q te entiendo perfectamente, tambien han abierto mi maleta apenas ven mi pasaporte. Yo quiero saber de la fiesta de las Fallas. Con las maleta hechas hicieron lo mejor q podian hacer: viajar. En fin, abrazos

Martín Franco dijo...

Ay, doctor Calle: no sé cómo interpretar el comentario, pero le veo una carga la berraca de ironía. ¿Me equivoco? Supongo que no...

Apelaez dijo...

que guevón. Eso si es viajes 101. Otra cosa, una vaina es la union europea y otra los paises schengen. El reino unido, por ejem, es de la union pero no de schengen, lo mismo pasa con varios. Una "rule of thumb": todos los paises le piden visa a los colombianos.

Martín Franco dijo...

Está claro lo de la Unión y la Shenguen, Peláez. De hecho, no voy a Londres por todo lo que implica sacar esa berraca visa. Y esa regla de los colombianos todo el mundo la sabe. El problema es que ya lo vemos tan normal que desde afuera nos reímos de eso, pero no es muy agradable sentirse tratado así. Supongo que si lo ha vivido lo sabrá. En todo caso, se le agradece el piropo.

Apelaez dijo...

si, es jarto. Pero si uno hace la vuelta pues no tiene por que ser un problemón. Sobre todo es incomodo cuando uno quiere viajar por tierra. En su caso, no sólo habría necesitado visa para rumania sino para un par de los paises en transito, eso si es mamón.

PD: Extranjera, a los venezolanos casi no les piden visa.

Pipo dijo...

Es una situación que se repite a menudo no sólo en europa. Mi padre viajó a EEUU hace un tiempo, antes del problema de las torres. Y fue casi desnudado en busca de no sé que.
Bueno...es una joda de esas enormes.Un saludo desde Chile.

Jose F dijo...

Nada de ironía, querido Martín: puro escepticismo.

Terapia de piso dijo...

Y qué carajos le interesa al mundo de donde seas.

José Roberto Coppola

Martín Franco dijo...

En nuestro caso sí que importa José Roberto...

Anónimo dijo...

Apelaez..¿si será Franco el guevón?

Extranjera dijo...

Apelaez no hablo de la visa sino del trato. Cuando entro a Estados Unidos y ven q vengo de Venezuela igual me abren la maleta y me interrogan. Saludos Martin.