El pobre Mickey

Mickey Rourke es uno de los personajes más buscados de la prensa española por estos días. Más allá de su reciente película (El luchador), lo que de verdad llama la atención de periódicos y revistas es su propia historia: un ex galán de Hollywood que alcanzó la fama y luego cayó en desgracia por cuenta de una vida llena de drogas y escándalos. Tocó fondo, se quedó sin amigos, esposa, y familia; se dedicó al boxeo, arruinó su nariz y rechazó papeles en películas que, como Pulp Fiction, lo hubieran sacado del fango.

Pero ahora está de regreso con una historia que es casi como su vida –Rourke interpreta a un luchador que fue famoso en los ochenta y vive en la miseria atormentado por el enorme peso de sus recuerdos–, y por eso los medios no dudan en darle pantalla. No nos digamos mentiras: esas historias encantan. Ver a un tipo que logra salir de la mierda tiene su encanto; así como también parece tenerlo, para el púbico en general, que los ídolos se hundan en ella hasta el fondo.

El número de este mes de la revista Esquire trae a Mickey en la portada con el sugestivo título de “Rourke: 1,189 semanas y media después”. En sus propias frases, Mickey nos cuenta lo mucho que ha sufrido. Aquí les dejo algunas para que se hagan una idea:

“Cuando toqué fondo, el teléfono paró de sonar. Vivía con 200 dólares a la semana. Empecé a ir al supermercado por primera vez en muchos años. Ahora estoy acostumbrado, pero aquella primera vez, cuando empujaba el carrito e intentaba comprar algo para comer… ¡Ufff! Fue duro. Incluso iba a un sitio de gays para que nadie me reconociera”.

“Mucha gente me decía: “¡Tío, estás estupendo en El corazón del ángel!”. Vale, qué bien, pero esos fans no me pagaban el alquiler ni la cerveza. Nadie me quiso dar una oportunidad. Llegué a tener que vender mis nueve motos para poder pagarme cosas de primera necesidad”.

“Estar de nuevo en el candelero es una sensación agridulce. Especialmente tras haber estado en el cine durante trece años. ¿Sabes lo que es entrar a las dos de la mañana a comprar cigarrillos y que alguien te suelte: “oye, ¿tú no eres el de Nueve semanas y media? Deprime”.

8 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Martín, a mí no sé qué me sucede con Mickey Rourke, pero le tengo cariño. Verlo caer después de ser el símbolo sexual de una década y levantarse poco a poco con papeles como el de Sin City y el luchador es inspirador, sin duda alguna.

No sé por qué, pero siento que el tipo es un poco masoquista, pero verlo salir de las tinieblas, como tú dices, me gusta, es una especie de grito de esperanza.

Lo bueno de caer a lo más bajo, como Rourke, es que no se puede llegar más profundo. Lo único que queda es empezar a levantarse.

Martín Franco dijo...

A mí también me cae bien Mickey, Esteban. De hecho, la película está muy buena. Pero es que estas frases... hágame el favor: "vender sus 9 motos" e "ir al supermercado". Pobre hombre.

yacasinosoynadie dijo...

creo que nos cae bien porque de alguna forma pensamos que nos puede pasar lo mismo, que somos vulnerables y propensos a las caídas, si tuviéramos los sueldos que él tenía antes de caer posiblemente iríamos por un camino similar... Aunque yo si me rehusaría a ir al supermercado, ¡por nada en el mundo! jejejej

Indigo dijo...

Rourke siempre se rebuscó, su mejor papel después del Luchador y de Sin City, fue haciendo de mafioso en el video de Heroe de Enrique Iglesias... supongo que eso lo hizo después de vender la última moto.

En el monton de entrevistas que ha dado, ha hablado poco de la vez que hizo de Bukowski en Barfly, otro papel decente.

Terapia de piso dijo...

Como alguien que vivió en los excesos ve después sus propias carencias que si a ve vamos no las hacen diferentes de las de muchos.

Ojalá se pueda comprar otras nueve motos y no deje de ir al supermercado.

La película buena. La escena de la charcutería no se te sale de la mente tan fácilmente.

Saludos.

José Roberto Coppola

Martín Franco dijo...

Supongo que te referís a la escena cuando el comprador lo reconoce y él, finalmente, saca toda su mierda contra el supermercado y los clientes, José Roberto. Buenísima. De hecho, leí por ahí que para Rourke fue la más difícil de hacer (cualquier parecido con la realidad...)Y ojo: la de la lucha es putamente fuerte.

Índigo: la deuda de Barfly no me la perdono. ¡Tengo que verla!

Mónica Palacios dijo...

Cuando Barbet Schroeder estuvo en Cartagena, en 1998, presentando Desperate Measures (mala peli), en una rueda de prensa contó que cuando le mostró Barfly a Bukowski dijo que le había gustado; que sí, que M. Rourke era un buen Henry Chinaski, pero que había cometido un solo error: cuando conoce a Wanda en el bar y se van juntos, el personaje deja su vaso con un trago de bourbon en la barra, Bukowski le dijo a Schroeder, yo jamás abandonaría un vaso con algo de alcohol en él.

Y Martín, si vas a buscar Barfly, entonces también buscá Factotum (si no la has visto ya). Aunque también me cae bien el pobre Mickey, me gusta más el Chinaski que hace Matt Dillon.

Martín Franco dijo...

Jua, Mónica: tremendo error el de Schroeder. Buenísima anécdota.