Eluana

Mucho se ha escrito sobre el caso de la italiana Eluana Englaro. Para quienes no se acuerdan, la mujer lleva 18 años en estado de coma profundo por cuenta de un accidente en carretera. Durante todo este tiempo sus padres han batallado contra la férrea obstinación de la Iglesia y Silvio Berlusconi, quienes se empeñan en dejarla conectada a pesar de su estado vegetativo.

No voy a alargarme en detalles de la noticia pues para verla basta con abrir cualquier periódico –ayer salió en El Espectador una entrevista con el padre de la joven–, pero sí me gustaría comentar la evidencia que queda detrás de todo esto: el increíble miedo que sigue girando en torno a la muerte. De eso no se habla, aunque morir sea la promesa de una vida mejor para los que tienen fe. De hecho, una inmensa cantidad de creyentes prefieren seguir aferrándose a la vida, aun cuando ésta carece de sentido. El caso de Eulana es uno de ellos. ¿Para qué luchar contra algo que no tiene remedio? En mi opinión cuando alguien fallece no es mucho lo que pasa: tan solo una materia que se descompone. No creo que haya ninguna otra vida, ni reencarnaciones, ni castigos o premios. Y me parece que en casos como éste es mejor dejar que llegue la muerte, para evitar la larga agonía de quienes la rodean.

“El significado de nuestra vida y los recuerdos de ella, les pertenecen a los vivos, lo mismo que nuestro funeral. Cualquier existencia que tengan los muertos, la tienen sólo para la fe de los vivos”. La cita es de Thomas Lynch y aparece en ese bello libro que es El Enterrador. Si Eluana aún no ha muerto no puede ser un recuerdo, sino una presencia que sigue doliendo. Y eso es un sinsentido. El dolor de la muerte seguirá estando después, claro, pero no será lo mismo si al menos sus familiares son conscientes de que no está.

El caso es que viendo la noticia de esta joven (que pronto podrá, por fin, descansar) me acordé también de La Enfermedad, la conmovedora novela de Alberto Barrera, de donde saco esta pregunta que dejo ahí, flotando en el aire: “¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que la vida es una casualidad?”

12 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Esto da para un cuentito.

Jorge Sánchez dijo...

Cómo se parecen Berlusconi, Bush, Uribe y otros ultraderechistas cristianos, a los musulmanes radicales (ayatolas y así por el estilo).

Hombre, la única forma de aceptar que la vida es una casualidad y que la muerte es la nada eterna es siendo ateos (o por lo menos agnósticos). Últimamente he estado consultando muy seguido un blog escéptico, con artículos de muchos intelectuales sobre el tema (Voltaire, Rushdie, Bauman, Savater, Darwin, etc.). Aquí la dirección: http://bibliotecaesceptica.wordpress.com/

Carlos Barrera dijo...

Sin embargo no es de extrañar que ciertos sectores se rasguen las vestiduras cuando la ideología de la época que nos tocó vivir nos impone la adquisición de elementos que "extienden" la vida de manera artificial. Una muchacha inconforme con su aspecto físico puede ir a que le pongan tetas nuevas en lugar de hacer el ejercicio de intentar buscar la causa de su malestar en un lugar que este más allá de la superficie. Un apartamento se configura como una nueva especie de tumba. La tecnología hace que el interactuar cara a cara con otros seres humanos ya no sea necesario. Cada nuevo producto dirige al comprador hacia el ensimismamiento. Vemos todos los días, personajes -incluyéndonos-,amarrados como autistas a sus ipods o blackberrys, totalmente aislados del mundo, por más de que se encuentren en la calle, cual moribundo atados a un respirador artificial. Para cada problema el mercado nos ofrece un producto que nos aísla de la realidad, cuando tener y no tener es lo único que importa. Al nuevo orden le conviene la existencia de sujetos en estado de coma, alejados del "banal" acto de incluir a la muerte como parte de la vida, renegando del homicidio simbólico que va implícito en la reflexión y la creación.

Un abrazo Martín.

Martín Franco dijo...

Esteban: ahí te dejo la idea, joven. Jorge: me paso por el blog; y sí, creo tenés razón, aunque habría que discutirlo más a fondo. Por cierto: te recomiendo Tratado de Ateología, de Michael Onfray. Y un abrazo pa' vos también, viejo Carlos.

Terapia de piso dijo...

A veces la vida llega después de mucho vivirla o de dejar de vivirla tanto
Como la frase de Alberto Barrera Tyszka en La enfermedad :"Hay gente que sólo puede vivir cuando se olvida que va a morir"
Yo agregaría que hay gente que termina de vivir cuando puede morir.

Un abrazo.

José Roberto Coppola

yacasinosoynadie dijo...

que tema mas jodido Martín... es difícil ser asertivo con algo que desconocemos aunque yo también estoy de acuerdo en que la desconecten... Ni idea que habrá después de todo esto....

Martín Franco dijo...

Qué gran frase, Roberto. Tan buena como es el libro...

Camilo Jiménez dijo...

De la iglesia ya sabemos: llevan dos mil años haciendo burradas. En cuanto a Berlusconi, ¿qué se puede esperar de semejante mentecato? Justo ayer me mostraron este video, por favor no se lo pierdan:

http://www.youtube.com/watch?v=KkDp-6t-keA

Camilo Jiménez dijo...

Y este es otro que olvidé poner:

http://www.youtube.com/watch?v=Owtyz-1kEK8

Martín Franco dijo...

¡Ay, Berlusconi!

Carlos A. y Pablo R. dijo...

¿Acaso no matan a los caballos?, se preguntaba Horace McCoy en los 30 del siglo pasado: http://nosvanaperdonar.blogspot.com/2007/12/they-shoot-horses-dont-they.html

yacasinosoynadie dijo...

que puto buen link Camilo... jajajaj... mucho idiota.