El lector


Bernhard Schlink
Anagrama

Digamos que a Europa le preocupa su historia. Así como en España se sigue escarbando en los horrores de la dictadura –aunque hace más de treinta años que murió el general Franco–, en Alemania continúan echando mano del holocausto para contar historias. Tal vez sea una manera de redimirse por ese pasado vergonzoso, o quizás para tratar de evitar que una cosa así suceda de nuevo, pero el caso es que los relatos sobre campos de concentración o el terror del Tercer Reich están todavía a la orden del día.

Y El Lector, de Bernhard Schlink –novela que acaba de adaptarse al cine–, viene a engrosar la lista. Por fortuna no es una historia más sobre un ex refugiado de algún campo o un redentor que salvó a tantos de la desgracia; de ésos, para bien o mal, ya se tienen bastantes. La trama de esta novela breve es tan sencilla como encantadora: Michael Berg es un adolescente de quince años que un día, por cuenta de una hepatitis, se topa con una mujer mayor que termina ayudándolo. Luego de agradecerle y hacer algunas visitas más a su casa, ambos vivirán un romance que a él le servirá para convertirse en adulto y a ella para evadir su realidad.

La relación, que le enseña a Michael los placeres del sexo, aparece siempre amenizada por un curioso ritual: Hanna le pide a su joven amante que le lea un libro antes de meterse bajo las sábanas. Durante varios meses la pareja vive un idilio que parece perfecto hasta que un día ella desaparece sin dar mayores explicaciones. Siete años después, siendo un estudiante de Derecho, Michael asiste a un tribunal donde se juzga a criminales de guerra nazi y la encuentra en el banquillo de los acusados. Entonces comienzan a develarse secretos que el lector va abriendo, poco a poco, hasta llegar a un final muy bello e inesperado.

El lector es una novela que estremece desde la primera a la última página. Algunas frases sueltas de la prosa sencilla de Schlink, hacen que uno se detenga por momentos y reflexione: “a veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque sólo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado, ¿es dolor?” O bien: “Pero el que huye no sólo se marcha de un lugar, sino que llega a otro”.

No he visto aún la película porque quería reservarme ese pequeño placer que produce leer primero el libro y llegar con una ligera ventaja a la historia en pantalla. Pero si es tan conmovedora como la novela, seguro que iremos a la fija. La novela está muy recomendada y uno la lee con mucho más placer que esfuerzo. Así que adelante, lectores.

3 comentarios:

Mónica Palacios dijo...

Tengo este libro pendiente en mi mesa de noche. Ya me animé a empezarlo. Después de tu comentario estuve buscando La m. vida breve de Oscar Wao, pero no lo conseguí aquí en Ginebra (bueno, en un idioma que pueda leer).
Me gusta mucho, además, el trabajo de Ralph Fiennes, así que también espero ver la película.

martín gómez dijo...

Lo compro, Martín. No sabía que el libro existía y había visto los carteles de la peli pero no me decía nada.

Más cosas para comentar.
Saludos.

Martín Franco dijo...

Martín: es un librito encantador. Por cierto, tengo como ganas de arrancar a Barcelona en Semana Santa, hacia el final, pues me quedan unos días. Y nos vemos, claro. Mónica: lástima por Wao, ojalá más temprano que tarde te lo topes por ahí.