un puñado de hojas

Releo en el boletín de la librería Libélula –con el cual tengo deudas– un artículo de Carlos Augusto Jaramillo que se llama “La dificultad de escribir”. Aunque salió hace ya rato, por allá a mediados del año pasado, confieso que a veces me gusta volver sobre escritos así. Dice Carlos que lleva tres años redactando una novela y que cada vez se le hace más difícil avanzar. Desconozco si es un síndrome general, pero creo que en ese solitario oficio de escribir la incertidumbre es una presencia que siempre ronda el ambiente. No hay peor padecimiento que sentarse frente a un puñado de páginas escritas, redactar un párrafo, y luego volver sobre él para darse cuenta de que es una mierda y no vale la pena.

En ocasiones abro ese temido archivo de mi computador que dice “novela” sin tener mucho para decir. Entonces voy atrás y releo, cambio, borro. Algunas veces me convenzo de que me gusta y otras –la mayoría–, tengo la certeza de que es una cosa muy débil. Hay días en que sólo redacto un doloroso párrafo; semanas enteras en que no la abro y tan solo mirar su nombre me da miedo, y noches en que las páginas salen casi solas. Noches un tanto mejores. Tampoco sé si algún día esto tome forma, ni tengo una fecha definida, ni tampoco quiero imponérmela. Sólo sé que siempre, sin excepción, escribir es una labor jodida. Pero no sé qué otra cosa podría hacer.

5 comentarios:

Terapia de piso dijo...

Yo siempre tengo miedo cuando escribo. Todo el tiempo. Una vez un periodista amigo me dijo que es mejor tener miedo que creer que se sabe todo.

En la revista donde trabajo me enfrento siempre a mis miedos cuando escribo una entrevista, crónica o reportaje. Pero a veces pienso que es ese miedo el que me impulsa a seguir escribiendo.

Un abrazo.

José Roberto Coppola

Esteban Dublín dijo...

La hoja en blanco es una pesa. Toca enfrentarse a ella durante muchas horas para ver los resultados.

yacasinosoynadie dijo...

No logro recordar el nombre de un escritor que decía soñar con hojas en blanco... Aseguraba que era una pesadilla terrible y reiterada...

Por mi lado debo confesar que comparto ese miedo, La mayoría de paparruchas que escribo terminan pasando a mejor vida en la papelera de reciclaje.

Ivan Andrade dijo...

Esa hoja en blanco siempre es una adversaria temible. Y, sin embargo, yo tampoco me hallaría en otra actividad diferente a la de escribir.

Saludos.

Anónimo dijo...

siempre le repito lo mismo la escritura es una vaina que se hace de una sola, sin parar, sin pensar, sine leer