La tumba de Cortázar

Tengo la impresión de que París es una ciudad para gente que se toma muy en serio. Lo que tiene de imponente –sus edificios y emblemas– contrasta con la parquedad de su gente que, como bien se dice, resulta creída y aburrida. Quizás habría que vivir algún tiempo allí para corroborar o desmentir esa imagen de apenas unos días, pero en mi opinión una semana es suficiente para saber que es mejor conocerla y marcharse. Aunque a decir verdad es muy fácil enamorarse de sus calles llenas de árboles; del Sena bordeando la ciudad y de sus monumentos insignes y pomposos. Quizás todo eso lo entendió mejor Julio Cortázar, un amante de París, quien alguna vez escribió que la había elegido "porque no ser nadie en una ciudad que lo era todo era mil veces preferible a lo contrario".

Para ser sincero creo que no me gustaría vivir en un lugar tan solemne, así como tampoco me convenció Rayuela a pesar de la algarabía general por la historia de Horacio y la Maga. Sé que más de uno se sentirá indignado, pero en mi opinión no tiene la misma magia de sus textos cortos. En todo caso, era casi una obligación darse una pasada por el cementerio de Montparnasse para visitar la tumba del gran Cronopio, el argentino grandote de dedos largos y barba espesa que, como alguien dijo una vez, “se hizo querer de todos”. Una amiga de mi prima con quien viajábamos abrió los ojos como dos platos cuando le contamos nuestro plan y preguntó por qué no mejor visitábamos el cementerio de Pere Lachaise, donde están enterrados verdaderos famosos como Jim Morrison y Oscar Wilde. Quizás para ella visitar una tumba no es más que mirar una lápida de cemento con un nombre escrito encima.

El cementerio de Montparnasse no tiene nada de especial, en realidad. Es un lugar como cualquier otro: tumbas, lápidas, flores y recuerdos. El día que estuvimos no había nadie; nevaba y hacía un frío que se metía por los huesos. En la entrada, de primera y grandísima, está la tumba de Sartre y Simone de Beauvoir. Tiene esa aureola de grandeza francesa que es insoportable y por eso no me produjo nada. Luego de dar un par de vueltas, de meternos por los recovecos, encontramos, por fin, la de Cortázar. Tampoco es la gran cosa: una lápida blanca y pequeñita con su nombre inscrito en letras negras. En un extremo tiene una figura extraña, una especie de flor adornada al final con una carita sonriente. Más tarde me enteré de que es la representación de un Cronopio, pero me dio rabia pensar que tiene esa forma; el encanto de los Cronopios y las Famas es que son como cada uno quiere.

Encima de la tumba la gente escribe cosas; algunos le agradecen por haberles cambiado la vida, y otros –muchos– dicen que siempre lo recuerdan gracias a sus libros. Alguien dibujó con marcador el jueguito de la Rayuela. También hay flores, piedras pequeñas y, cosa curiosa, tiquetes del metro de París. Me quedé un buen rato mirando la piedra; por las calles del cementerio caminaba una pareja y el frío se hacía cada vez más intenso. Entonces llegaron a mi mente, vagos, algunos personajes de sus cuentos. Me levanté para irme. Quise dejarle algo de recuerdo, pero cuando busqué en los bolsillos me di cuenta de que no tenía nada. Di media vuelta y caminé. Estaba contento.

11 comentarios:

Ivan Andrade dijo...

Que buena cosa que haya conocido París, esa es una de als ciudades que yo quiero conocer con todas las ganas.

Saludos trasatlánticos!

Jorge Sánchez dijo...

Tal vez sea cierto lo de que los cuentos de Cortázar superan sus novelas. Igual me gustaron en su momento "Rayuela", y sobre todo "62 / Modelo para armar".

De París me han dicho que es excesivamente cara.

¿Y quién carajos es Jim Morrison?

m dijo...

Rayuela no es la única novela de Julio Cortazar: 62, modelo para armar; Los premios; el libro de Manuel. Y cómo que quien carajos es Kim Morrison, el señor que da clases en otros blogs, debería saber quien es.

yacasinosoynadie dijo...

Rayuela no es la única novela... Es cierto que sus textos cortos son más sabrosos, El Ultimo Round, por ejemplo, es uno de los libros más hermosos y dinámicos que me he encontrado, Cortazar en todo su esplendor... Buen viaje Franco, y gracias por el mensajito de apoyo en este momento difícil.

Martín Franco dijo...

Muy bien, estimados M. y Yacasi: me subo al paredón. Preparen, apunten....¡fuego! Mil disculpas, pero lo merezco. ¡Pum!

yacasinosoynadie dijo...

jajajajajajaj

Lucaz dijo...

Frank, según lo que pude hablar con algunos franceses y francesas en la Alianza, París es mejor vistarla en veran...ahí si que es toda una fiesta inolvidable.

Martín Franco dijo...

Eso mismo pensé yo, viejo Lucaz, mientras me congelaba caminando por la ciudad. La vaina es que tiene mchos árboles pero por esta época están todos más pelados que un diablo. Ni modo.

David dijo...

No entiendo el vainazo contra los que se toman la foto al lado de la tumba de Wilde o de Morrison, si finalmente posó al lado de la lápida de Cortázar y hasta lo publicó... la misma chimbada.

Martín Franco dijo...

La misma chimbada, David...

Jorge Sánchez dijo...

¿¿¿Y quién carajos es Kim Morrison???