imposible conversar

No hay mucho qué hacer: la tan mentada era digital nos está comiendo. Ahora, gracias a este fantástico mundo de las comunicaciones, no se mueve una hoja sin que lo sepamos: nos enteramos, por las fotos del facebook, de la vida de viejos conocidos; sabemos, gracias a los blogs, lo que piensa tal o cual de cualquier pendejada, y vemos en videítos de youtube las imágenes de guerras que pasan mientras nosotros perdemos el tiempo.

En su columna de la revista Arcadia, Marta Ruíz dice que el celular se ha convertido en un verdadero obstáculo para la conversación. En un intruso. Ya no es posible charlar con más de tres personas sin que en algún momento a uno de ellos le suene el celular y se retire un rato. Y ni mencionar al tal blackberry, que viene con la desgracia de estar siempre conectado a internet. Hace un par de años me volví a ver con una amiga que, por entonces, tenía un novio en Ecuador y se comunicaba con él por el dichoso aparato. Por cuestiones de trabajo debíamos tomar el Transmilenio desde la 72 con Caracas hasta la biblioteca de El Tintal; más de una hora de viaje en la que ella no quitaba los ojos ni despegaba los dedos del teléfono. Yo intentaba hablarle de algo pero muchas veces se quedaba un rato en silencio, pedía disculpas, y preguntaba mientras volvía al mundo real: “¿qué cosa?”.

Ya para qué.

No quiero negar las bondades de internet o los celulares, pero a veces pienso que antes todo era más tranquilo. Nadie se preocupaba si el otro no contestaba el teléfono de su casa (hay que ver ahora lo que la gente se alcanza a imaginar si alguien apaga el celular un día entero), y era más fácil sentarse en torno a una mesa a conversar. Vuelvo sobre todo esto porque ayer, después de clase, quedamos con mis dos compañeros de apartamento en comprar una botellita de vino y sentarnos a charlar luego de casi todo un día frente al computador. Apenas llegamos me olvidé del aparato, puse música, saqué las copas y abrí la botella, pero cuando fui a servir me di cuenta de que ya los dos estaban sumergidos en la pantalla. Me senté a esperar a que terminaran pero no había muchos signos: los dedos tecleaban rápido y una sonrisita se dibujaba en sus rostros cuando llegaban las respuestas de sus conversaciones. Me quedé unos minutos sintiéndome estúpido y no tuve más remedio que apagar la música, meterme en mi cuarto y cerrar la puerta.

Ya comienza a entrarme, otra vez, la dichosa etapa del hastío tecnológico.

10 comentarios:

Terapia de piso dijo...

Y decidí estar un mes sin celular y fui feliz. De verdad lo fui. Pero al final caes otra vez. Y caes hondo.

José Roberto Coppola

Martín Franco dijo...

Yo pasé dos meses sin el caralibro y fui feliz también. Pero volví a caer hondo. Aunque la idea de dejarlo otro tiempo me aborda hace rato.

Ivan Andrade dijo...

Antes todo el mundo se las arreglaba sin celular: las citas se concertaban, la gente se encontraba. Ahora parece que sin ese aparato nadie logra nada. Es increíble, el invento creó la necesidad y no la necesidad el invento.

Suerte.

yacasinosoynadie dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
yacasinosoynadie dijo...

Pues no queda de otra sino adaptarse, yo supongo que en el medio evo la vida era mas tranquila con todo y las locuras de la inquisición (toda época ha tenido sus peros) pero hoy es hoy y no nos queda de otra.

Esa posición satanizante ya esta hasta trillada en el mundo intelectual y no se ¡que pereza!...

No creo que haya que satanizar a la tecnología simplemente hay que saber utilizarla, si uno utiliza Facebook solo con el morbo de mirar que hacen los demás pues esta jodido. Yo, por ejemplo, monté en Facebook mi portafolio de fotografía y me han salido como 4 contratos a raíz de eso, me he enterado de infinidad de eventos culturales a través de algunos grupos como el de MapaTeatro, cineBogotá o el grupo de admiradores de Jaime Garcia Maffla.

El MSN me ha permitido tener comunicación constante con mi hermana en Atlanta sin tener que pagar las enormes cuentas telefónicas que cobran esos glotones explotadores del medio, otra cosa muy distinta sería quedarme chateando todo el día apropósito de nada con un amigo que vive a penas a 15 minutos de aquí... En síntesis, creo que la culpa no es de la tecnología sino de no saber utilizarla. Si estas con tus amigos charlando y bebiendo alguito simplemente apagas el cel, igual que cuando vas a cine… La esclavitud no esta en las tecnologías sino en como las utilizas… los medios no te esclavizan, te esclavizas tu solito. En fin.

PDT: para hundirte aun más en tu en tu crisis tecnológica te agregue a Facebook Martin… jejeje

Martín Franco dijo...

je, je, es cierto yacasi: trillada hasta que ya. ¿Pero qué le hacemos si así es la vaina? Lo que vos decís es verdá: hay que tomárselo con gracia. Por cierto, ahí te acepté en el jeisbuc.

Martín Franco dijo...

A propósito de los peligros del celular, leo en El Tiempo del sábado 24: "A una mujer le estalló el celular y le quemó varias partes del cuerpo". Pa' que después no digan...

m dijo...

Pues a mi el celular me sirve para muy poco, paso días sin llamar a nadie o alguien me llame a mi y eso que tengo el mismo número hace como seis años. Si se descarga nadie se da cuenta. Y el facebook es una bobada, si uno no quiere que nadie se entere de nada, uno puede cambiar los privacy settings y nadie se entera.

GZL dijo...

Hey, compañero, cuidado con tirar la primera piedra, que a veces eres el primero en estar frente a la computadora desde que llegamos a casa, ja ja ja.
Con decir que a veces primero nos comunicamos de cuarto a cuarto por chat en lugar de hablar.

Martín Franco dijo...

Muy cierto, Guille. Pero es que, como dicen, nada tan constante como la inconstancia...