El síndrome de la bragueta

Una buena lectora me lo dijo, cuando vio El Síndrome de Ulises encima de mi escritorio: “a esa novela le sobran como treinta polvos”. Creo que se quedó corta: apenas voy en la mitad y la verdad ya estoy un poco hastiado de tanto sexo. No me malinterpreten: en realidad lograr buenas descripciones de escenas eróticas es tan difícil como emocionante, pero hay una estrecha frontera entre lo que puede despertar algo y lo que se vuelve francamente vulgar y poco creíble. Un paréntesis: los mejores polvos que he leído –y si alguien conoce buenos, que se eche la cuñita–, están en El amante de Lady Chatterley, la bellísima novela de D.H. Lawrence.

Hablaba, pues, de la frontera entre lo erótico y lo exagerado. Y creo que a Santiago Gamboa, al menos en esta novela, se le va la mano. No sé si me lo imaginé pero creo haber leído antes, en alguna parte, sobre el muy manido, aburrido y trillado cliché de los “escritores de bragueta”. Ésos, sí, que en sus novelas se las comen a todas, que tienen vergas de no sé cuántos centímetros y que las mujeres les llueven como si fuera invierno.

Sé que Gamboa no es de ese estilo, porque he leído otras obras suyas, pero en esta novela se deja venir con todo: el protagonista, un aspirante a escritor que se va a vivir a París, tiene el misterioso don de seducir con una sola mirada a decenas de mujeres de distintas nacionalidades. Rumanas, iraníes, colombianas, francesas… todas caen rendidas ante su imponente falo que, para colmo, tiene un nombre. ¿Cómo les parece? En una escena memorable del libro, Paula, su amiga colombiana que sabe más de sexo que cualquiera, le dice que él no puede andar por la vida sin darle un apelativo a su miembro; entonces, luego de pensarlo unos segundos, el novel escritor decide ponerle Holofernes, en honor al general asirio que luchó bajo las órdenes de Nabucondosor. Desde entonces, el invencible Holofernes se yergue (literalmente) batalla tras batalla, tras batalla…

He estado a punto de dejarlo, lo confieso, pero una morbosa curiosidad por saber qué hay más allá me impulsa a continuar. Acabo de pasar un capítulo entero donde se describe una orgía increíble (pero no por lo buena sino por lo inverosímil), donde, luego de terminar, el narrador sale con esta perla: “…y de nuevo me vino la duda, ¿para qué diablos me vine a París? La respuesta cayó de la mente: porque quiero escribir y siempre creí, por influencia de tantos, que éste era el mejor lugar para hacerlo”. ¡Ufff, el viejísimo cliché del escritor muerto de hambre en París! Yo es que no sé qué le ven a redactar una novela en la ciudad luz, con el frío que hace en invierno, lo cara que es, y sobre todo lo cabrones que son los franceses.

Pero bueno, no seamos injustos: aparte del mucho sexo hay historias sobre emigrantes que se entretejen y se construyen bien; vidas distintas y llenas de mierda que tienen como punto de encuentro una ciudad que no es de nadie. Por ese lado, en verdad, me gusta; el problema es que después de tres páginas así se vienen quince con las proezas sexuales de Holofernes y… ¡ay, ay, ay… no me digás que te las comiste a todas!

En todo caso sigo, y creo que lo haré hasta el final.

16 comentarios:

Samuel Andrés Arias dijo...

Varios de los mejores polvos literarios están en El amor en los tiempos del cólera: los de Florentino Ariza, el otoñal con Fermina y hay uno salvaje que me encanta que es el del doctor Urbino con su amante negra que no recuerdo el nombre.
En Los detectives salvajes hay unos muy divertidos con las hermanitas Font, unas follonas de tiempo completo, absolutamente inverosímiles y ridículos, pero completamente divertidos también.

Martín Franco dijo...

Es cierto, Samuel: ahora que me acuerdo, los de Florentino con aquella pelaíta no tan inocente en su cuartito de la empresa fluvial son memorables...

Jorge Sánchez dijo...

¿Polvos? Los de "El amante de Lady Chatterly", obviamente. Y otros de Lawrence, maestrazo.

También los de "Sexus" y "Trópico de Capricornio" del bueno de Miller. Uno de los primeros escritores de bragueta.

Los de Rubem Fonseca en sus novelas y cuentos. ¡Viejito sabrosón!

Y los de Sade son tan retorcidos que quedan fuera de concurso.

Ivan Andrade dijo...

Yo también recuerdo mucho los de El amor en los tiempos del cólera, especialmenete el primero de Florentino Ariza. Son magistrales.

Suerte.

Anónimo dijo...

Aunque en la novela de Gamboa está el cliché de la Paris de los escritores, es cierto, la mirada que arroja a la ciudad dista del lugar común: muestra las miserias, lo mal que la pasan los emigrantes, etc. Me parece que está más cerca de la mirada de un Henry Miller, pero con los problemas sociales de hoy. Un abrazo.

Martín Franco dijo...

Es verdad: no es una París de postal. La prosa de Gamboa es sabrosa y las historias de los personajes son bacanas, pero le siguen sobrando treinta polvos. Le devuelvo el abrazo, aunque sea anónimo.

yacasinosoynadie dijo...

a mi Gamboa es de esos que no me gusta ni poquito... Además, algún día le tuve que tomar fotos y el tipo, francamente, me pareció tan arrogante como nadie... ¡Que jartera!... Desde ese día no puedo leer ni siquiera dos párrafos escritos por él, cosas personales obviamente...

Lucaz dijo...

En la última novela de McEwan (Chessil Beach) el autor narra soberbia y magistralmente un polvo que nunca fue. En finale capricioso con madonna (ay RH francamernte pues...que título tan pomposo, ampuloso etc etc) hay un menage a trois memorable. No he leido este libro -ni nada de Gamboa- pero no me suena como mucho.. me recuerda a La Habana para un...de Cabrera Infante...uno de los dos peores que he leido..

Esteban Dublín dijo...

Creo que para que una escena erótica logre ser erótica debe lograr 'levantar' lo mismo que una película porno. Es más difícil, claro, porque las imágenes se crean en la mente. Ya sólo con eso, creo que el Síndrome de Ulises es una buena novela. Aunque debo decir que hubo una escena que me calentó mucho más en la novela precedente a esta, Vida feliz de un hombre llamado Esteban.

Saludos, Martín, vuelvo después de vacaciones y es un placer pasar por aquí de nuevo.

Johan Bush Walls dijo...

Ya que hablan de polvos.

A ver si se animan a leer este blog, que no es de un autor tan ilustre como los que mencionan, pero ya verán.

http://sayuam.blogspot.com/

Salú pue.

Carolina Andújar Córdoba dijo...

Buenas. Disfruté el comentario del libro; suena malo pero no lo suficientemente malo como para leérselo. Me llamó la atención lo del escritor que se va a vivir a París, siempre me ha dado pena ajena.
No sé si habrá oído hablar de un premio que se le otorga al peor pasaje erótico cada año; estoy bastante segura de que solo se aplica a libros publicados en Inglés pero vale la pena leerse cada párrafo que compite.

Martín Franco dijo...

No había oído del premio, Carolina, pero bacano si tenés un link o te animás acá a colgar un polvo bien patético...

Camilo Jiménez dijo...

Gamboa escribió obras muy entretenidas: Perder es cuestión de método y Los impostores son buenas. Pero de un tiempo acá está demasiado concentrado en convertirse en el nuevo Plinio Apuleyo Mendoza. La tarea no es fácil, así que creo que está descuidando aspectos de su perfil anterior como el humor, las peripecias complejas, la humildad. Tanta lagartería para los cargos dplomáticos y la heráldica no dejan tiempo sino para sobar espaldas y hacer monerías burocráticas.

Martín Franco dijo...

Lástima eso, Camilo. Acabo de terminar el libro de Gamboa y debo confesar que, más allá de los muchos polvos que le sobran, la novela me gustó.

Carolina Andújar Córdoba dijo...

Mirá, Martín, aquí hay unos nominados para el 2008... ya me los voy a leer, qué emoción.

http://www.guardian.co.uk/books/2008/nov/25/bad-sex-award-shortlist

Casa de Kan dijo...

Me parece que un libro así es cansón y nadie se la cree... lo lindo de lo erotico es precisamente esas escenas donde nada es obvio y todo lo es... Sayuam?? es una mala copia... una tipa histérica que siempre anda de caseria comiéndose cuanto pene se le cruza... por dios!!! que tiene eso de erotico...! definitivamente Florentino Ariza y Lady Chatterly... pero Anïs es mi preferida!