Un clásico de siempre: A sangre fría, de Truman Capote

Detesto generalizar pero creo no equivocarme al afirmar que el sueño frustrado de todo periodista es escribir una obra de la talla y magnitud de A sangre fría. O bueno: de todo periodista con ambiciones literarias. Porque uno cierra la última página de este libro –que se relee con un gusto delicioso– y no puede hacer otra cosa que putear a Capote. Malparido, ¿cómo carajos escribió esta obra maestra? ¿Cómo se le ocurrió sacar este retrato tan nítido a partir de un hecho que, si bien terrible, hubiera pasado de largo después de unos meses? Pero cada capítulo de este libro está tan bien diseñado, cada palabra tan puesta donde debe estar, que el resultado no puede ser otro: un relato increíble.

La narración de los hechos es tan detallada, tan excesivamente minuciosa, que no deja ni un cabo suelo. En los primeros dos capítulos (Los últimos que los vieron con vida y Personas desconocidas), Capote pinta el retrato de la familia Clutter –padre, madre y dos hijos– mostrándolos tan perfectos, tan gringos y tan rectos, que el lector puede llegar a detestarlos. El exceso de pulcritud es también terrible. De manera paralela están las andanzas de Dick Hickock y Perry Smith, quienes luego cometen el brutal asesinato: un tiro de gracia en la frente para cada miembro del clan Clutter después de amordazarlos en su propia casa. La reconstrucción de los hechos deja algunas preguntas que se van resolviendo en el tercer capítulo, Respuesta, donde viene la confesión del crimen por parte de los asesinos y que mantiene al lector atado a la silla hasta la última línea. El último, El rincón, narra el único desenlace para estos asesinos en un estado como Kansas durante los años sesenta: la pena de muerte. Y todo se cuenta por medio de un narrador omnisciente tan sutil, que en la única parte donde se revela en carne propia es casi al final, cuando dice, refiriéndose a sí mismo y en boca de uno de los asesinos: “Nadie viene a verlo a él excepto usted –dijo refiriéndose al periodista que tan amigo era de Smith como de Hickock–”.

Puede que Capote fuera un insoportable engreído que quería ser siempre el centro de atención, pero sólo por este libro se le perdona todo. Además, ¿a quién le importa el autor? Una cosa es quien escribe, y otra lo que está en el papel. Ahora, que si en estos tiempos de periodismo multimedia y toda esa cháchara alguien quiere recordar cómo se hace una buena crónica o cómo se construye una historia, debe volver a este libro. Una, dos, tres o las veces que sean. Y siempre, seguro, le sacará más gusto.

13 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Martín, debo decir que yo nunca vi el libro como un documento periodístico, porque realmente A sangre fría es una novela. Contada con hilo y aguja desde la primera hasta la última hoja. Tal vez tú como periodista dijiste malparido, ¿cómo carajos escribió esta obra maestra? Pero yo como lector digo, malparido, ¿cómo carajos escribió esta obra maestra?

Martín Franco dijo...

Las perspectivas, hombe Esteban. Pero diferimos: novela, lo que se llama novela, no es. Una cosa aparte: olvidé mencionar un personaje que la primera vez pasé por alto y creo que da hasta para otro libro: Lowell Lee, un pelado de 18 años que Hickock y Smith conocen cuando están condenados a muerte. El que no le aburra léase este párrafo, que es desgarrador:

"Era la semana del Thanksgiving y Lowell Lee pasaba en casa esas cortas vacaciones universitarias, así como Jeannie Marie, muchacha inteligente pero poco atractiva que estudiaba en la Universidad de Oklahoma. La noche del 28 de noviembre, a eso de las siete, Jeannie Marie estaba con sus padres, viendo la televisión en la sala. Lowell Lee, encerrado en su cuarto, leía los últimos capítulos de Los Hermanos Karamazov. Teminado lo cual, se afeitó, se puso el mejor traje que tenía, y pasó a cargar un rifle semiautomático, calibre 22, y un revólver Ruger calibre 22 también. Se colocó el revólver en una pistolera, se echó el fusil al hombro, y recorrió el corredor que lo separaba de la sala sólo iluminada por la pantalla del aparato de televisión. Encendió la luz, apuntó el rifle, y disparó a su hermana entre los ojos, matándola instantáneamente. Le disparó tres veces a su madre y dos a su padre. La madre, con los ojos dilatados, se tambaleó hacia él, tratando de hablar, abrió y cerró la boca pero Lowell le dijo:

--Cállate.

Y para asegurarse de que le obedecía, le disparó tres tiros más".

Manuel Dueñas dijo...

¿Por qué no es una novela, amigo Martín?

Esteban Dublín dijo...

¿Sabes por qué te lo digo, Martín? Porque cuando yo me encontré A sangre fría, no tenía prevenciones de periodismo. Tal vez con ese precedente, no me hubiera interesado el libro. Claro, se terminó volviendo un clásico y la obligación, aunque redundante, obliga. Me fui comiendo la historia de los asesinos y de la familia a ritmo de Best seller y sólo tiempo después supe que era una historia de la vida real. Ahí entendí que Capote había escrito una crónica. Excepcional, sin duda. Pero es una crónica con todas las características de una novela.

Martín Franco dijo...

Creo que la explicación de Esteban te resuelve la duda, estimado Manuel.

Lucaz dijo...

¿Como carajos la escribió?, por el viejo y conocido mecanismo de la identificación, no con el personaje -que evidentemente era un pobre ignorante muerto de la envidia de la familia americana perfecta- sinó con la acción; el deseo latente de Capote de despachar a la suya, para despues autodestruirse en la gloria y por la culpa. Escribir bien es como complicadito muchachos: "vos estás ahí...expuesto" tiene toda la razón don Camilo Jiménez.

Samuel Andrés Arias dijo...

Yo creo que la intención de Capote era hacer arte con una historia real y no lo contrario: contar una historia con herramientas literarias.
Para mí ahí está uno de los pecados del periodismo: muchos cronistas asumen que el ropaje literario es una ayuda para que los hechos se dejen contar bien. En una buena crónica es tan importante la historia como la forma en que la vistas. Eso lo comprendió Capote e hizo esa magistral... ¿novela de no ficción o crónica literaria? A quien le importa.

Pcantaleta dijo...

Soy un pseudohippie y leo a Capote. Soy la verga!! duh! parce, ponemos link a su blog y sumercé al nuestro, para tejer redes y derrotar a los masivos que son sus jefes. http://pcantaleta.blogspot.com/

Lucaz dijo...

En cuanto a la forma es obvio que Capote dio en el clavo al afirmar, como recuerda Samuel Andrés, que es una novela de no ficción, el hombre tenía el suficiente talento y las lecturas como para armar su crónica en forma de novela y vaya que acertó. Pero me permito insistir en que la clave de la perdurabilidad de esta obra y de todas las llamadas maestras está en el contenido, su abordaje formal si bien es muy importante está subordinado a lo primero. Es justamente por la fuerza y la pasión con la que abordó el episodio Capote que pasó a la historia, sinó como dice Frank, en tres meses la historia hubiese pasado al olvido.

A propósito de crónicas, estoy leyendo las de Gay Talese, una putería!!!

yacasinosoynadie dijo...

Yo creo que Samuel da en el clavo: poco importa si es una "crónica literaria" o una "novela de no ficción" (interesante par de términos)… el asunto es que es un texto inmejorable al que no le sobra una sola letra. Punto.

Lucaz dijo...

Si Yacasi... el rótulo estilístico es lo de menos. Pero por tu comentario tajante (y con algo de disparo con regadora y con los ojos cerrados) se puede afirmar que si ese día Capote no hubiera mirado la crónica roja, igual hubiese escrito su obra maestra con cualquier noticia de las páginas económicas o deportivas, lo cual es bastante discutible.

yacasinosoynadie dijo...

Hombre Lucas, el genero, rotulo, técnica o como se le quiera llamar le importa al escritor y solo a él. Me parece tonto que el lector se ponga a pensar sobre eso, aunque obviamente esa es mi humilde opinión.

Lucaz dijo...

Yacasi, de acuerdo en que es una tontería para el lector ponerse a clasificar y rotular las obras dependiendo de que tanto grado de realidad o ficción contengan, aunque la técnica -que es otro asunto- si es interesante estudiarla.